domingo, 16 de diciembre de 2018

(Nota) Notas 39, 40, 41, 42, 43, 44, 45, 46, 47, Jean-Léon Gérôme. Un maestro ignorado, 48, 49, 50, 51, 52



39
«Vós, senyor, no estigats vós per mi, que, ab que sia fet a vós ço qui és honor de la vostra corona reial, jo no em cur d’àls.» (Pere d’Aragó i d’Anjou citat al Llibre de Pere III el Cerimoniós).
40
Siempre se te ha dado bien molestar a los peces pequeños, como la goma que borra decididamente los trazos de un lápiz pero no se atreve con los de un bolígrafo.
41
Fíjate en los ojos de quien usa la violencia: verás que desvía la mirada.
42
Querrían que cantase en el bosque, pero el bosque ya crece en esta piel, este vello, esta voz.
43
La escritura, como una vaca, se tiene que muñir a diario. Si no, enferma. Lo que me inquieta es que haya corrido el riesgo de convertirme en un grafómano. Ahora, por el contrario, es mayor lo que callo que lo que dejo escrito. No estoy seguro de que esta sea la vía que me convenga, pero quizá me resultará provechoso pasar un tiempo alejado de esa literatura tan íntima con que me había comprometido.
44
¿Qué es más importante, nuestra actitud ante las cosas o las decisiones que tomamos respecto a ellas? ¿Importa más cómo miramos o qué elegimos? ¿Una persona que mire bien pero que decida mal va por el camino equivocado? ¿O quien erra es quien decide bien pero mira mal?
Esta pregunta, formulada de distintas formas, parece irresoluble de entrada, ya que nos obliga a hacer una división entre teoría y práctica que dudosamente existe en el mundo real. ¿El equilibrio es imposible? No tiene por qué, pero podría recordar momentos de mi vida en que, por más que me haya esforzado por pensar con lucidez, me he dirigido hacia el camino más inútil, un callejón sin salida. ¡Cuánto tiempo perdido! Y solo con veinte años…
45
«fletxes sereu i flames sobiranes | si llevau a mon cor la trista vida | per donar a mos ulls eterna aurora.» (Francesc Fontanella, A la mort de Nise). El poeta escrigué aquests versos a la mort de la seva primera esposa. No soc capaç de concebre el dolor que pot provocar una mort, encara. Per mala sort, les morts que se senten sempre són les dels altres. Quan veuré amb els meus propis ulls com s’apaga la vida d’algú que he estimat? He arribat als vint anys sense haver viscut la mort de ningú que em fos realment pròxim; tinc motius per témer el futur. Si el dolor de les absències és més profund que el dolor físic, no sé com jo, sent tan dèbil, l’aguantaré.
46
«Hoy me has dicho hola por primera vez, con tu voz transparente y tu sonrisa de miel», y en cada una de tus palabras ya había el germen de las discusiones, el llanto y el aburrimiento que nos llevaría a odiarnos. El desdén no se puede prever. Conocer el color de sus ojos es fácil, pero lleva más tiempo entender su mirada y, con ella, la verdadera persona que un día —jodido día— se cruzó en tu camino.
47
Cuando digo que deseamos desaparecer, pienso en dos características de nuestros tiempos: estamos continuamente expuestos y nos hemos vuelto conscientes de que nuestra forma de ser no es algo constitutivo, sino algo que construimos como un escritor construiría uno de sus personajes. Esos dos rasgos de nuestra forma de mirar la realidad y a nosotros mismos, llevados al extremo, nos abocan a notar el peso de un yo insufrible. En ciertos momentos, cerramos los ojos y solo podemos esperar que todo acabe pronto. Librarse de nosotros mismos, cuanto menos, nos calmaría.
Jean-Léon Gérôme. Un maestro ignorado
Un personaje como el pintor Jean-Léon Gérôme siempre despierta la curiosidad. Podríamos decir que fue en contra de sus propios tiempos, que nadó a contracorriente, pero la particularidad de su caso es que decidió oponerse al mundo en que había crecido sin grandes estruendos ni revoluciones del tres al cuarto, sino siendo estrictamente clasicista. De un clasicismo muy académico, si acaso puede haber uno que no lo sea.
¿Cuál fue su problema? Que su voluntad clasicista chocó con una época en que lo que primaba era la subversión del arte clásico. El de Gérôme es el caso de una revolución silenciosa y, en último término, ignorada.
48
¿Qué pasaría si fuese lo suficientemente pequeño como para caber en un microondas? Me metería en uno encendido y, seguramente, gritaría durante unos pocos segundos. Nunca me ha gustado armar jaleo. Mi piel se arrugaría, o quizá humearía. Lo que es evidente es que enrojecería. Los ojos se me saldrían de sus órbitas y desearía que todo acabase pronto. Y el final, imperial, se cerniría sobre mis restos.
49
«como en el vino, vive Dionisios en la sangre.» (Eugenio d’Ors, Lo barroco, p. 23).
50
2-XII-2018. Estar siempre enamorado. Y siempre desengañado. Y siempre llorando. Quizá sea imposible llevar adelante una vida en estas circunstancias, pero me parece preferible a la incertidumbre de ahora: ¿podré volver a amar? El frío ha entrado dentro de mí por cada agujero de mi cuerpo: las orejas, la nariz, las heridas… Y esta niebla, que ahora impide tanto a mi sangre como a mi pensamiento que avancen, se presenta como un dictador invencible, como el peso que tendré que arrastrar hasta el final. (Una semana después de escribir esto, desapareció el frío, llegó el calor y, cuando se fue, no regresó el frío, sino la angustia).
51
Lector, te haré una pregunta y, aunque sé que no podré escuchar tu respuesta, desearía hacerlo: ¿mis textos solo hablan de mis textos? ¿Solo escribo sobre escribir’ Si es así, quizá haya caído en un pozo vacío; quizá haya estado cultivando unos campos en los que ya no podría crecer ni la hierba más común. Pronto hará diez años que empecé a escribir. Diez años. La nulidad más vergonzosa, absoluta.
52
Algo que me fascina de la escritura es que me permita acercarme y alejarme de las cosas en una medida mayor —¿o debería decir distinta?— a la que me permitiría un microscopio o una cámara con gran angular. Escribir es bailar; por eso, tiene que ver con los movimientos, con la distancia, con elevarse o tocar el suelo. Escribir es abrir caminos mientras se danza, poner el foco de una linterna sobre la maleza del bosque que no te permitía avanzar. Lo fundamental de la escritura es la luz, pero la condición de posibilidad de esa luz es la oscuridad.