miércoles, 31 de octubre de 2018

(Nota) Notas 29, 31, 32, 33, 34, 35, 36, 37, 38



29
Comparar la nueva ultraderecha con el fascismo es un error. Probablemente, no estamos hablando del mismo fenómeno. ¿Cómo ha llegado Europa a este punto? Parece que haya olvidado el pasado, pero lo peor es que la ultraderecha emerja con fuerza cuando eso no es así, cuando la consciencia de los desastres del siglo XX sigue más viva que nunca. Sea como sea, no podemos permitirnos identificar estos nuevos movimientos radicales con el fascismo, puesto que no son lo mismo y esa identificación tan solo nos conduciría a una falsa seguridad: hasta que no averigüemos la singularidad de lo que está pasando, no podremos actuar en consecuencia. Puede que esa sea la tarea más urgente de la izquierda de hoy: comprender las razones de la oposición para combatirla con un nuevo discurso —un discurso con la fuerza de la izquierda del pasado, un discurso que no se someta a los prejuicios hegemónicos que la derecha, tan oportunista como siempre, corresponde.
31
Las personas menos honestas que he conocido no eran ni pedantes ni bichos raros. Eran personas que, pretendiendo parecer lo más corrientes y simpáticas posible, no tenían nada más aparte de su apariencia.
32
Echamos raíces en las costumbres. Vivimos a través de ellas. Son ellas las que nos aportan un suelo firme. Se han repetido en el pasado, se mantienen en el presente y nos aseguran, como en una promesa, que estarán allí en el futuro. Las costumbres son un eterno retorno menos trágico.
33
¿Cómo debió ser mi primera aspiración? Quizá entrecortada, quizá segura. Aún no sabía la que se me venía encima.
34
En la escritura, hay movimientos de apego y de desapego. Primero, tomas un objeto y te encariñas con él; os acercáis, le acaricias; buscas que te explique su qué. Y, después, bruscamente, te apartas, puesto que la narración, la sucesión de las oraciones, te obliga a seguir adelante. Es como el tren que no puede enamorarse de un andén determinado, ya que sabe que, de un momento a otro, tendrá que retomar su marcha.
35
Crece la dificultad para estar sin-ceramente. Estar enteramente, con todo el cuerpo. Cuando nos hablamos a nosotros mismos, nos hablamos a medias. Cuando hablamos con los demás, dirigimos la mirada al teléfono móvil. Sin saber estar ni con uno mismo ni con los demás, uno no puede aprender a buscar su propio camino, puesto que siempre confundirá lo que tiene que dar con lo que tiene que recibir, lo que tiene que decirse con lo que le tienen que decir.
36. Que la escritura escriba
La escritura es criba, selección. Ni todas las ideas valen lo mismo ni las que más relucen son las que merecen ser plasmadas por escrito. La elegancia (del verbo eligere, ‘elegir’) consiste en saber escoger, saber discernir entre las setas venenosas y los robellones, entre el grano y la paja.
37
Cuando era pequeño, descubrí mi gusto por la literatura y dije al mundo: «¡Me encantan los libros!» También descubrí mi atracción por los hombres, pero no la confesé al mundo del mismo modo: tuve que salir del armario. Esta expresión me parece un poco desafortunada; nos hace construir un aspecto asfixiante de la realidad, ¿o no es asfixiante aprender que has estado escondiéndote dentro de un armario y que lo que ahora deberías hacer es salir de él declarándote homosexual, como quien se declara culpable de un crimen? Para mí, confesar a los demás que me gustaban los hombres fue muy difícil. Me di cuenta de ello siendo un niño y lo dije públicamente al inicio de la adolescencia. Si a mi alrededor no hubiese notado que existía esa idea de estar escondido y tener que salir, todo habría sido más fácil.
De hecho, teniendo entre seis y ocho años, le decía a mi canguro: «¡Quiero un príncipe!», y no había ni armarios ni secretos de por medio. Simplemente, había algo tan sincero y humano como el deseo.
38
¿Os imagináis poderos arrancar el deseo durante unas horas? Como un eunuco anímico, como una piedra antropomórfica. Pasearía por la ciudad con una sonrisa de lado a lado y no me ruborizaría nunca. Miraría a la gente a la cara y, quizá, no vería más que su superficie. Durante unas horas, durante unas pocas horas.

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