jueves, 27 de septiembre de 2018

(Nota) Nota 20



Si miramos con un poco de distancia estos concursos televisivos en que los jueces gritan a los concursantes, rápidamente nos daremos cuenta de que son horrorosos. Su punto de partida es el mismo del que quienes consideran que la letra con sangre entra; sigue habiendo mucha gente convencida de que ser exigente es lo mismo que ser agresivamente crítico —o incluso destructivo. La vida ya nos trae suficiente sufrimiento por sí misma. Las personas sensatas y cultas deberían esforzarse por ver la falta de necesidad de dañar, de perturbar. Que aceptemos —mirar la televisión sin extrañarse por estos comportamientos ya es acatar— el sadismo y el despotismo en personas en posiciones de poder solo contribuirá a que perdure una idea del poder que no lo relaciona con el pensamiento y la experiencia, sino con el mayor descontrol anímico que pueda imaginarse.

La letra con sangre entra o Escena de escuela (1780-1785), de Francisco de Goya

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