sábado, 22 de septiembre de 2018

(Nota) Nota 19



19
«Flaubert, qui fera plus tard de la discrétion de l’auteur une règle presque absolue, utilise dans toute son ouvre de jeunesse un narrateur-auteur très interventionniste.» (Claudine Gothot-Mersch en la «Introduction» de Gustave Flaubert, Ouvres de jeunesse). Nos podríamos preguntar por qué Flaubert, tan conocido por la frialdad y presunta neutralidad con que narra sus historias, empezó siendo un narrador de presencia ineludible, un narrador muy evidente. ¿Quizá ello tenga que ver con la juventud? Que los jóvenes son egocéntricos constituye un tópico muy manido, pero no por ello falso. Un Flaubert adolescente escribía sus historias con narradores muy visibles porque él mismo era muy consciente de su propia imagen y vida, quizá. ¿Superaré algún día esa fase, ese egocentrismo? (Claramente, voy por mal camino si termino una nota sobre Flaubert mirándome en el agua del arroyo.) ¿Algún día podré escribir yo sin identificarme con ese yo? No puedo obligarme a ausentarme de mis textos. La desaparición del sujeto me parece una ridiculez. La muerte del autor es, cuanto menos, una idea rara. Con un poco de suerte, dentro de diez o veinte años, me habré cansado de hablar de mí mismo y sabré volver mi mirada hacia un exterior sereno, bellísimo. Hasta entonces, mis textos seguirán aquejados de una voz chillona, aguda, irritante, insufrible, mía y solo mía.
Posible retrato de Flaubert (1861) por Henry Monnier

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