domingo, 17 de junio de 2018

(Diario) 17 de junio de 2018



Domingo. Hoy, ... nos habían invitado a mis padres y a mí a comer en su casa; después, a la hora del café, habrían venido ... y habríamos estado hablando juntos toda la tarde. Ese plan no ha tenido lugar. Al menos, para mí. Ayer ya envié un mensaje diciendo que no podría ir y ... me llamó un par de veces y me envió mensajes diciéndome que la mala relación que tengo con ... no puede seguir así; que le sabría mal que no fuese al almuerzo.
Son las diez. Cojo el autobús a Barcelona. Me dispongo a pasar allí todo el día, solo, sin saber exactamente qué hacer. Está claro que esta pésima situación con ... no debería alargarse mucho más, pero es que tampoco soy capaz de imaginarme una vida en que tenga una buena relación con él. ... siento que no podemos tener una relación solo cordial: o bien nos amamos o bien nos odiamos. Y parece que, en nuestro caso, odiarse es lo más natural o bien lo más fácil.
Llego a Barcelona. Camino. Mis piernas son dos péndulos. En ningún momento retrocedo, aunque ando lentamente. Subo por Rambla Catalunya hasta la Diagonal y vuelvo a bajar por Passeig de Gràcia. Pensar. Mente en blanco. Pensar. ¿Cómo reaccionará ... al ver que no he ido a la comida? ¿Y ...? Tal vez aceptar su invitación habría sido la forma más cómoda de preservar el estado de las cosas, el odioso estado de las cosas. Tal vez aceptar, por el contrario, me habría convenido. La cuestión es que estoy aquí, acariciando la ciudad con mis zapatos.
Yendo por Passeig de Gràcia, veo, a lo lejos, la Fundació Tàpies. Entro y visito las exposiciones Biografía política y T de Teresa. Por un instante había creído que el arte me consolaría. Ciertamente lo hace, pero, cuando salgo de la fundación, regreso a mis pensamientos de antes. Mi amiga Maria me había recomendado que fuese al menos a la comida para «quedar bien», pero me temo que eso es lo que todos, desgraciadamente, habrían esperado de mí: que fuese para quedar bien. Querría preguntarle a ... por qué me había invitado. No puedo imaginarme lo que me contestaría. Quizá me sorprendería. O solo me decepcionaría.
En el Ateneu, me escondo a leer en la biblioteca. A través de las ventanas se ve el jardín. Hay un montón de gente sentada enfrente de un hombre y una mujer desnudos; los están dibujando al natural. Leo intermitentemente, escribo estas líneas. Tan solo es la una de la tarde y este domingo ya se ha convertido en el más largo del año.

No hay comentarios:

Publicar un comentario