domingo, 5 de agosto de 2018

(Diario) 5 de agosto de 2018



Día de encierro en casa. Ayer por la tarde, no obstante, estaba en Barcelona, solo, al aire libre, y también me sentía encerrado. No hay forma de huir de esta asfixia. Quiero decir: probablemente exista la forma de hacerlo, pero la desconozco y, quizá, implicaría destruir el estado actual de las cosas. ¿Qué leches me importa el estado actual de las cosas? Empezaría a reventar los cristales de mi habitación ahora mismo. Pero no lo haré. No lo haré porque soy cobarde y la pereza me vence y moriré bajo esta repulsiva piel de persona fina, piel de leche, piel que se rompe con solo rozar una piedra; piel de quien no ha vivido. Porque creí que podía vivir a través de la literatura. Y después creí que podía vivir a través de la escritura. Y ahora ya no sé a través de qué vivir y tal vez tendría que decidirme a vivir, coño, que el tiempo no me está esperando, sino que sigue su transcurso erosionándome, ayudándome a engordar, a empeorar, a ahuyentar a los demás. No os acerquéis; en este rinconcito, esperaré que llegue la muerte, sin molestar, sin crear. No hay más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario