jueves, 7 de junio de 2018

(Textos sueltos) Notas tomadas entre agosto de 2017 y junio de 2018



1
En una entrevista que concede a Vogue, Anohni comenta que, si solo pensamos en la identidad, el mundo se nos pasará de largo. Me pregunto qué incidencia podemos tener sobre el mundo. Más allá del activismo, creo que todo aquel que cumple con sus deberes y obligaciones y trabaja vocacional y satisfactoriamente está haciendo un bien. Quizá el mundo pasa de largo para quienes pretenden cambiarlo de arriba abajo.
2
Sigo leyendo a Montaigne. En el primer libro de Los ensayos, anota: «Yo me guardaré, si puedo, de que mi muerte diga nada que primero no haya dicho mi vida, y abiertamente.» Habla de vivir sin secretos, según lo interpreto yo. Hoy en día, se critica la transparencia porque se la cree síntoma de una sociedad aséptica, desalmada, fría… Warhol ya decía que todo lo que él era, todo lo que se podía saber de él, consistía en lo que se veía. Valéry, antes, había dicho que aquello que hay de más profundo en el hombre era la piel; Merleau-Ponty consideraba que él era su cuerpo. Ante el inconsciente, ante el misterio de la vida, ante las estructuras ocultas del poder, ante lo no manifiesto… Ante tantas cosas escondidas, me gusta pensar que hay algo que se puede conocer. Los mensajes de Montaigne, Warhol, Valéry o Merleau-Ponty son realmente esperanzadores.
3
Montaigne también escribe: «El alma que no tiene un objetivo establecido se pierde.» Tal vez lo importante es el hecho de que nos marquemos un objetivo, y no tanto qué objetivo sea. Un hombre no es maravilloso por sus actos, sino por la particularidad de estos, por aquello de inconfundible y característico que hay en su trabajo y que no podría ser repetido. Lo que me asusta de un mundo plenamente industrial es que la gente que lo habitamos olvidemos que estamos rodeados de objetos únicos y que nosotros mismos lo somos; la producción en serie no debería definir nuestro modo de ver el mundo, seguramente.
4
En The Bling Ring, Emma Watson interpreta a una joven que se ha aprendido de carrerilla el discurso místico que su madre ha tratado de inculcarle. Me fijo en que muchas cosas que ella dice las podría haber dicho yo mismo. ¿Qué diferencia hay entre las palabras del personaje de Watson y las mías? Superficialmente, ninguna. Profundamente, no lo sé.
5
Amaba tanto a mi canguro que las palabras no servirían para decir cuánto. Era una señora que siempre se había dedicado a cuidar niños. Justo antes de empezar a hacerse cargo de mí, se había quedado embarazada y había dedicado unos meses a estar con su hijo. No sonreía demasiado, pero respondía a mis carantoñas; eso era más que suficiente.
Algunas de las cosas que hacía no le gustaban a mamá. Por ejemplo, que fumase. Que fumase delante de mí. Siempre fumaba delante de mí, mientras desayunábamos o estábamos en el parque. Ella no me pedía que no le dijese nada a mamá porque ya sabía que no le diría nada: estaba tan acostumbrado al humo que la rodeaba que no creía que fuese algo importante. A veces, le tapaba la boca cuando quería espirar y le salía por la nariz muy sinuosamente. Esperaba que, algún día, se le fuese por otro conducto y le saliese por las orejas.
Cuando ella y mamá discutían, no las escuchaba. Solía estar a su alrededor, pero nunca prestaba atención a sus conversaciones. Solo me interesaba cuando hablaban de mí. Mi canguro creía que, cuando no me apetecía dormir, no tenía por qué hacerlo; mamá, en cambio, era una acérrima defensora de la siesta y opinaba que los niños tenían que irse a la cama aunque después no durmiesen. Me daba igual acostarme o no acostarme: cuando no podía conciliar el sueño, cogía uno de mis muñecos ―un pato― y me aplicaba a fondo en arrancarle los ojos de botones con los dientes. Podía pasarme horas mordiendo ese juguete; si, finalmente, conseguía sacarle los ojos o descuajarle alguna parte, se lo llevaba a mamá y ella me lo volvía a coser.
6
Siempre habrá quien brille más, quien lleve esa misma prenda mejor que yo. Aunque lo sé, a ratos lo olvido. Luego, vuelvo a ver a esos chicos que son casi como estrellas, bajo las luces de una discoteca o en pleno centro de Barcelona de día, y recuerdo mi condición. También la recuerdo cuando me reflejo en el cristal de un coche, en el espejo de una tienda, en cualquier sitio, y me doy cuenta de lo pequeño que soy, de la desproporción de mis rasgos, de todo. Hace unos meses, salí de fiesta por Apolo con Abril y los dos nos vestimos de negro; dentro de la discoteca, me fijé en otra pareja (chica y chico asimismo) que vestían completamente de negro; mi mirada recayó sobre él, pero en seguida fue a parar a otro punto, ya que me di cuenta de que había una diferencia abismal entre cómo se ajustaba la ropa oscura a su cuerpo y cómo se ajustaba al mío. Aún recuerdo a esa pareja, sumida en la oscuridad de un rincón de Apolo, como no queriéndose hacer notar; fue una visión preciosa.
7
Hay que dejar que sean los demás quienes se interesen por nosotros. De lo contrario, solo encontraremos irritación en nuestras relaciones sociales. Ya lo decía Warhol: «En el momento en que decidí que prefería estar solo y no contarle a nadie mis problemas, todos los que antes ni siquiera había visto empezaron a perseguirme para contarme cosas de las que acababa de decidir que mejor sería no saber nada.» Un poco más adelante, resume: «Tan pronto como dejas de querer algo, lo consigues.» Tristemente cierto. No hay motivo por el que preocuparse: si no eres tú quien se interesa por alguien determinado, quizá sea ese mismo alguien quien, en el momento más inesperado, se te acerque; la vida da muchas vueltas, la vida es muy larga, la batería de personas a quienes podemos llamar la atención es reducida, pero el hecho de vivir en el mismo mundo que aquellos en quienes nos fijamos ya nos asegura la posibilidad de que, algún día, reparen en nosotros.
8
Un ejemplo sustraído de la historia de la filosofía que apoye la idea de la superioridad de lo mental sobre lo corporal podría ser el de las sectas orficopitagóricas, que, en tiempos remotos, ya consideraban que el bien divino se albergaba en la mente mientras que el mal se hallaba en el cuerpo; yendo más allá, los miembros de estas sectas consideraban que se debía buscar la pureza del alma humana y que uno de los modos de conseguirlo consistía en renegar de los bienes materiales.
El dualismo entre la mente y el cuerpo es fácilmente cuestionable desde el momento en que se entiende que la actividad mental, en parte, consiste en la reverberación de los estímulos que recibimos sobre el cuerpo. No hay una desconexión entre la dimensión mental y la corpórea, puesto que su relación es necesaria para que exista el ser humano y se encuentran en interacción constante; más dudoso todavía sería afirmar que se establece una jerarquía entre ambas, basándonos también en el argumento de que la existencia de una es imprescindible para la existencia de la otra.
Podríamos entender la sumisión del cuerpo a la mente como un recurso propio de ciertas jerarquías de poder para legitimarse a ellas mismas: si alguien que proviene de una clase social acomodada ha podido acceder al conocimiento intelectual y alguien perteneciente a las clases subalternas no ha podido gozar de este privilegio, el primero entenderá su atributos como aquello que justifica su posición positiva; esto hará que tanto el uno como el otro ignoren que el desarrollo mental que ha podido llevar a cabo el primero no es la causa de su lugar privilegiado en la sociedad, sino consecuencia del azar y poder que le ha llevado a nacer en una familia que se pudiese permitir sus estudios.
9
Estudio diez poemas de Ausiàs March para un examen. No me cabe duda de que «Lleixant a part l’estil dels trobadors» es el más delicado y hermoso de todos ellos. Lejos de usar un vocabulario especializado o recrearse en el dolor, en él, March exhibe la que considero su mejor faceta: la de cortesano, la de hombre de sociedad. Cada estrofa es una pieza de encaje que se enlaza con la siguiente a través de imágenes frívolas, como la de una castidad equívoca o la de la «pasta» con que la dama a quien se dirige el poema está hecha. Me imagino a March como un divo. Quizá habría impresionado más en una corte del siglo XVIII que en una del XV.
10
Resulta peligroso distinguir la apariencia de las cosas de la realidad de las cosas. Miles de veces hemos oído lo siguiente: «Yo voy más allá de lo aparente: busco lo real.» En verdad, no hay una desconexión total entre lo aparente y lo real. Accedemos a la realidad a través de su apariencia, a través de unas formas. Cuerpo y alma, forma e idea son todo uno. Los filósofos, por ejemplo, aprehenden o transmiten ideas a través de metáforas, de figuras retóricas.
11
Si temes cómo los demás reaccionarán a lo que hagas, pregúntate cómo te trataron tus padres. Es el consejo que me doy a mí mismo. Quizá no sirva a todo el mundo, pero supongo que sería útil a quienes ya sospechan la gran incidencia de sus padres en el carácter que han acabado teniendo.
12
Querría escribir una novela cuyo protagonista fuese una mujer, pero no puedo hacerlo. No sé qué es el cuerpo de una mujer. El alma de una mujer, en cambio, lo conozco, puesto que está en mí desde antes de que empezara a escribir.
13
No estudio Filología Catalana y escribo en castellano, sino que estudio Filología Catalana porque escribo en castellano. Tanto el catalán como el castellano son mis lenguas maternas, aunque solo el castellano es mi lengua literaria. Puesto que siempre —cuando digo siempre quiero decir «prácticamente durante los últimos nueve años»— he escrito y leído en castellano, al entrar en la universidad, sentí la necesidad de equilibrar la balanza entre las dos lenguas que conforman mi pensamiento y estudiar el catalán y su literatura. Algunos podrán cuestionar mi decisión —en realidad, ya lo han hecho: hace unos meses, una chica que acababa de conocer y que me empezó a fotografiar porque debía tener cierta inquietud artística me dijo que debería sentirme afortunado de tener una lengua materna como el catalán, que debería defenderla y escribir en ella—, pero no estoy aquí para escucharlos.
El hombre como goteo
No nacemos agotados, siempre nos han agotado. Dicen que vivimos en el constante agotamiento. Si agotar es sacar las últimas gotas, ¿por qué no luchar para preservarlas? No agotar, no acabar. Disfrutar con el goteo, que es lo mismo que decir disfrutar con el proceso. Guardar las últimas gotas del vaso, la última línea antes de terminar un relato, el trazo final. Hay algo realmente bello en lo inacabado. Todas las obras, en cierta forma, permanecen abiertas: son fuentes inagotables. Es propio del hombre no agotarse totalmente. Con un solo cambio de actitud, uno puede darse cuenta de que le quedan unas gotas para sonreír, para crear, para empezar, para ceder el paso. Además, ¿no es hermoso pensar que el hombre es una gota? Tan pequeño, tan discreto. Su paso por la tierra recuerda a un granito de arena.
30-V-2017
La vida ideal. Cuando nos enamoramos, tendemos a idealizar la vida de la persona amada. Hay gente que idealiza más y gente que idealiza menos. Un síntoma de ser muy idealista puede ser venerar a tus ídolos en extremo. Entiendo por idealizar creer que algo real es tan perfecto como una idea; en realidad, nuestro mundo no está hecho de ideas, sino de cuerpos; «Yo soy mi cuerpo», dijo Merleau-Ponty, repito.
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No tienes por qué opinar sobre todo, pesado. Andy Warhol respondía a algunas entrevistas con monosílabos. En una entrevista, Joan-Carles Mèlich recordaba que nos hemos acostumbrado a opinar sobre todo. Que no se me malinterprete: esto no tiene nada que ver con hablar sin tener ni puta idea, que es importante y sano.
14
Nunca es el momento adecuado. ¿Para qué? Para muchas de las cosas que desearíamos hacer. Sin por ello dejar de ser pacientes, deberíamos prestar atención a lo que realmente queremos hacer a cada momento y responder a nuestro anhelo conciliándolo con lo que ya hacemos o renunciando a algo de lo que hacemos para darle cabida.
29-III-2018
Nota antes de entrar en la discoteca. Estoy en el bar de antes de entrar en la discoteca, el Innobar. No tengo gran cosa sobre la que escribir, pero me pareció original coger el móvil en este momento y empezar esta nota. Mis amigas están en el baño. A mi alrededor, voces alegres.
Francisco y las olas
Francisco es un marinero de sonrisa fácil. Su barco había atracado en el puerto de Barcelona esa misma tarde. Paseó por la orilla de la playa y acabó durmiéndose en la arena. Una hora más tarde, cuando despertó, las olas brumosas le habían cubierto de arriba abajo. Se llevó una mano a la cara, pero no notó ni su nariz, ni sus labios, ni sus ojos: el agua le había borrado todos sus rasgos.
Mi abuela paterna
Mi abuela, hace unos años, sacó dos fotos de carné suyas del monedero y me las enseñó. Las miraba con cierta sorpresa. «¿Has visto cuánto he cambiado?» En una foto, la más antigua, su cara era como de piedra, muy tersa. En la otra, parecía como hecha de pringue.
La finitud y lo esencial
Mucha gente vive como si ignorase que algún día morirá. No tener presente la finitud humana hace que, a veces, nos enredemos en líos que, en realidad, no querríamos vivir. Pensar en nuestra propia muerte es una forma de trazar un camino: un camino hacia las cosas esenciales. Puesto que algún día moriremos, conviene discernir lo que realmente importa de lo que nos ha sido añadido torpemente.
¿Y qué es lo esencial? Es cierto que gran parte de lo que nos han enseñado que es esencial, en realidad, es una construcción cultural; por eso ahora no hablamos de la esencia humana sino de la condición humana. Una de las labores del hombre debería consistir en descubrir lo verdaderamente esencial a través de la reflexión y el ejercicio. Sí, suena algo contradictorio decir que no hay nada esencial en el ser humano y al mismo tiempo reivindicar la búsqueda de lo esencial, pero la cuestión de fondo es que, mientras seamos conscientes de que el hombre no está predeterminado, podemos atrevernos a considerar ciertas cosas esenciales porque la experiencia que tenemos de ellas es profunda y transformadora.
La segunda mirada
Se tiene que volver sobre las obras que uno ha hecho. ¿Pero cuándo? No demasiado pronto: nuestra mirada podría estar demasiado familiarizada con una obra como para reconocer lo que de buenas a primeras no muestra. Tampoco demasiado tarde: es fácil olvidar qué quisimos transmitir con una obra determinada porque, seguramente, mientras la hacíamos, no teníamos demasiado claro cuál era nuestro mensaje.
Utilidad y comunidad
No saldré de este sitio hasta que me respondáis una pregunta: ¿puedo hacer algo por vosotros? No, no riais, hablo muy en serio. ¿Puedo? Empezaría por miraros y, así, comprendería cómo funcionáis, cómo movéis los ojos de un lado a otro antes de echaros a andar. En un principio, me quedaría muy quieto, como si estuviera absorto en un detalle distante, pero, después, al cabo de unos años, me atrevería a poner las manos sobre vuestros cuellos y daros la caricia que no queréis pero agradeceréis, y consolaros con las palabras que he aprendido en este tiempo, y saber cómo escuchar algunas de vuestras palabras puesto que ya habría empezado a comprenderos.
Irracionalidad
Nuestro rostro mismo nos habla de cómo conocemos —y no conocemos— la realidad: lo racional y lo irracional, lo mismo y lo otro. Sí, tenemos dos labios, dos mejillas, dos orejas, dos alitas de la nariz, dos ojos, dos cejas. Y, sin embargo, tenemos una sola frente: ese lugar que ya los griegos habían asociado con el intelecto aparece sin acompañante, de manera que probablemente tengamos que ser nosotros mismos quienes, a fuerza de voluntad, introduzcamos la alteridad en el ejercicio de la razón.
22-III-2018
Se sentía completamente separado de toda esa gente. La mochila que cargaba a la espalda tenía una cremallera de metal que tintineaba cuando andaba; se veía a sí mismo como uno de esos apestados que, en el Londres de 1665, llevaban una campana con la que anunciaban su llegada.
15
Ir con cascos por el mundo es un indicio de pasotismo bastante flagrante.
16
Le subió una sonrisa a los labios, pero después se puso una mano delante de la boca e hizo como si estornudara.
17
Me parece que, aunque sepamos perdonar, la vida con los demás puede volverse insoportable si no aprendemos a olvidar.
18
Encontrarse siempre en la infancia y la vejez, nunca entre la una y la otra.
19
No creo tanto en las estadísticas como en las historias que los demás me cuentan.
20
Entre salivar demasiado y morir, elijo salivar.
21
Llegeixo Música per camaleons, de Truman Capote. Si això tan perfecte i ben pensat és literatura, fa temps que el que escric ni es pot considerar literatura ni és digne de ser anomenat paraula. És possible que la literatura demani una exigència que no he sabut mantenir.
23-III-2018
El mejor escritor no es el que dedica todos sus días y todos sus pensamientos a la escritura. Pol estaba decidido a convertirse en la gran promesa de las letras de su tiempo. Con tal de escribir mucho, en cuestión de meses, renunció a la mayoría de cosas que hacía y que le gustaban, como salir de fiesta, ir al gimnasio o ir a la universidad. Se encerró en su casa, decidido a no salir hasta que contase con un estilo propio que le sirviese para crear grandes, grandísimas novelas. Cerró con doble vuelta, bajó las persianas, abrió un cuaderno y garabateó durante horas. Estuvo varias semanas enclaustrado, sin hablar con nadie, tan solo escribiendo. Si bien notaba que sus textos distaban de aquello que se llama arte, le habría resultado fácil rechazar etiquetas como la de arte o literatura y limitarse a escribir lo que el cuerpo le pidiese; temía, sin embargo, que, al seguir ese camino, acabase volviéndose un vicioso, un onanista. Prefería seguir luchando por lo artístico, lo literario. Pasaron los meses y él aún llenaba páginas. Cuando se dio cuenta de que todos esos esfuerzos no le servirían para alcanzar algunos innombrables que incluso los grandes escritores tan solo habían intuido, ya era demasiado tarde como para volver a andar bajo la luz del sol.
22
Las ideas predominantes tienen a ver con quienes creen haber encontrado la verdad, y no con quienes la buscan sabiendo que solo la conseguirán parcialmente.
23
El semáforo se puso en verde y toda la gente se abalanzó sobre el paso de cebra como una manada de leones.
24
Conversación con Abril. No nos apetece ir a clase si no vamos con amigos. El conocimiento, si no puede ser compartido, si no puede ser celebrado, parece inútil. El conocimiento es una complicidad.
25
La diferencia entre una crítica negativa y una crítica destructiva es una diferencia de tono. La negativa es inspiradora, generadora: con ella, la persona a quien se dirige puede llegar a entender qué camino debe seguir de entonces en adelante. La destructiva es paralizante: incluso si no pretende hacer daño, lo hace; solo sirve para inmovilizar al creador, reducirlo al estatismo perezoso, impedirle desplegarse como él querría.
26-III-2018
El problema central de la juventud es la belleza.
26-III-2018
Cuanta más paciencia y esperanza, menos desesperación. Lo más frecuente es que la desesperación sea inútil. En un primer momento, la desesperación tenía que ver con el instinto de supervivencia y la percepción del peligro; luego, la hicimos extensible a las preocupaciones más banales.
26
El silencio de una foto de Brassaï.
29-III-2018
Expresiones del tipo «Todo es X.» («Todo es dinero», «Todo es sufrimiento», «Todo es sufrimiento», «Todo es amor», «Todo es caos») parece que claramente enuncien algo objetivo, cuando, en realidad, lo que hacen es revelar el estado de ánimo de quien las pronuncia reflejándose en la realidad.
27
Si, andando por la calle, alzásemos la mirada hacia las ventanas de los edificios con más frecuencia, veríamos que, detrás de muchas de ellas, hay personas que observan. Quietas, como gatos, disfrutan viendo el ajetreo urbano.
28
La infancia y la vejez se tocan.
29
La belleza física es una cuestión de estatuas y de adolescentes. La belleza —en general, entendiéndola sin restricciones— afecta toda la vida, todos los días de la vida, y se relaciona con eso tan mundano que llamamos estética, es decir, la ciencia —mejor dicho: el arte— de los sentidos.
En presencia de las flores
Hasta pronto.
Cordialmente, Xavier.
Carnalmente, un poco de materia.
Como el agua de la ducha.
Como las flores del patio.
Cordialmente, yo.
Carnalmente, todo.
Como los pliegues de mis párpados.
Como el rosa de mis mejillas.
30
Uno tiene que expresarse como si fuera un niño y pensar como si fuera un anciano. Esta obligación no puede sistematizarse fácilmente, pero conviene recordarla de vez en cuando para dejar de ahogarse en el caos del mundo adulto.
31
Pero, dime, mamá, ¿por qué tengo que ser tan feo? No es algo que constantemente me preocupe, pero cada día veo a chicos que andan por la calle con una rosa en los labios y esmeraldas en los ojos. ¿Cómo seguir viviendo si sé que eso está allí fuera? Es superior a mí. Su belleza es tan grave que duele; me duele.
11-IV-2018
La bocina de los coches muestra el absurdo de nuestros tiempos. Traducido, su sonido quiere decir: «¡Date prisa, que llego tarde a mi muerte!»
12-IV-2018
Las redes sociales nos tienen cogidos por los cojones. ¿Vivimos porque queremos hacer fotos o hacemos fotos porque vivimos? La fotografía artística puede ser artificial, pero, ahora, no existe tan solo la fotografía artística, profesional: todo el mundo hace fotos, porque son una forma de volver perdurable lo que el presente tiene de visible. Sin embargo, si escogemos las experiencias por las que pasaremos en función de las fotos que nos permitirán hacer, ¿estamos obrando razonablemente? Las redes sociales nos han atado de manos y pies, pero nosotros, como buenos rehenes, amamos estos nudos.
13-IV-2018
He comprobado en mis propias carnes que la generación está muy cerca de la degeneración, que los excesos aceleran el proceso de pérdida de las cosas, que se debe aspirar a una cierta medianía para respetar las cosas tal como son y para respetarse a uno mismo.
La vida siempre es cambio, pero solo será caída para quienes la interpreten y experimenten de ese modo. Renunciar a los modelos de éxito que nos han inculcado nos llevará a ver el sentido de los fracasos que vamos repitiendo sin solución de continuidad.
Las noches oscuras del alma… ¿No deberíamos hablar más bien de las noches oscuras de la condición humana? La imagen de la luz es extremamente poderosa: una linterna o una vela parece que creen la realidad, proyectando la luz sobre objetos que, en la oscuridad, se creerían informes. ¿Qué es el pensamiento? Ni más ni menos que una linterna. Y, sin embargo, es una linterna a la que siempre le quedan pocas pilas, que siempre está al borde del desgaste. ¿Qué debemos hacer cuando una linterna se apaga? Bien. Los demás están a nuestro alrededor para esas ocasiones. El prójimo no te proveerá de pilas nuevas, pero será generoso con su calor porque su bondad es un reflejo de la que tú has concedido al mundo. Gracias a los demás por existir; gracias al otro por ser otro, allí, en el mundo, en una intemperie común.
32
Idea. Realismo ilustrado.
33
Idea. Herbolario moral.
4-IV-2018
Vivimos en tiempos de inmediatez material y de mediatez virtual. Inmediatez material: lo podemos tener todo al momento, de manera que hemos dejado de valorar el proceso que se seguía para obtener el objeto deseado en el pasado; esta cuestión es de gran importancia porque afecta algo tan fundamental como el deseo. Mediatez virtual: vivimos a través de nuestras pantallas, nuestros deseos surgen a partir de los estímulos de las redes sociales; hay un cierto abandono del mundo físico que, si bien no es de por sí malo, puede llevar a una degeneración de la experiencia humana.
9-IV-2018
Suena triste, pero he tenido más suerte olvidando a algunas personas que cambiando mis relaciones con ellas.
10-IV-2018
El aforismo —vaya, el tuit— y la imagen son a nuestros tiempos lo que el tacto es al ciego.
34
Ser demasiado sensible a la belleza física suele traer problemas.
35
Cuando uno empieza a fundirse en la masa, deja de ver cosas criticables en el mundo. Hay una tensión entre ser un gruñón y subsumirse a la masa, dejarse llevar y tener la impresión de que todo está bien.
36
Las fotos que tienen más likes en Instagram son selfies. Las pinturas que gustan más suelen ser retratos. Nos interesan las novelas cuando están habitadas por sus personajes. Hay una insistencia, una tendencia de los hombres a ir hacia los demás hombres, a reconocer el rostro del otro, a preguntarse cómo son las subjetividades que no son la propia.
37
Dejad a los jóvenes ser vanidosos, dejad a la lluvia caer en lugar de ascender.
13-IV-2018
Hay dos formas de actuar en el enamoramiento que hacen pensar en dos caracteres distintos: saludar por WhatsApp a la persona de la que estás enamorado cuando te apetece hacerlo o bien poner una historia en Instagram de algún libro, canción, lo que sea, que tenga que ver con la persona en cuestión y que la fuerce a enviarte un mensaje.
14-IV-2018
Los libros huelen a postres: de nata, de mantequilla, de crema.
38
¿Pero qué es exactamente la juventud? ¿Estudiar durante una tarde de sábado? ¿Salir de fiesta y emborracharse? No hay respuesta. ¿Cuándo se da la juventud? ¿Seré ya un anciano? Si la juventud es sexo, no estoy siendo joven. Si la juventud es estar siempre con amigos, tampoco así lo estoy siendo. Bajo el cielo gris de hoy, me pregunto si no habrá pasado de largo la juventud que me imaginaba a los catorce años. Por más giros que haya ido dando mi vida, siempre acabo volviendo a una situación terroríficamente similar: mi soledad, mi egoísmo, mi tristeza. ¿De ahora en adelante, todo seguirá consistiendo en una repetición? Quizá mi día a día solo es una repetición porque quiero verlo como tal, pero lo que en el fondo me saca de quicio es tener que admitir que nunca viviré unas experiencias completamente alejadas de la realidad que he conocido. ¿La imaginación es la única salvación posible? Sería insoportable pensar que lo único que hace amena la vida es la evasión a través de los libros y las pelis. Debe haber algo más, algo que esté cerca de uno mismo y lejos del exterior.
15-IV-2018
Me despierto por la mañana porque me despierto por la mañana. Nadie me ha dejado escoger. El camino solo tiene una dirección. Hay algo realmente raro, realmente estúpido, en no haber pensado nunca en el suicidio.
20-IV-2018
Prefiero ser radicalmente sincero y clásico a ser absurdamente original, innovador.
27-IV-2018
En el planeta de los torsos, no hay sitio para las palabras. En este planeta, tan solo existe el placer y el silencio que lo sigue.
28-IV-2018
Fíjate, sigo en la barra, pidiendo cubatas. Ahora los subidones son menos y las resacas más graves. Solo había querido ser una señora de melena larga y rubia, que saliese en el Hola de la mano de sus dos hijas con trencitas largas y rubias, con un titular enorme: «Desde que me casé, mi vida está llena de luz.»
39
No hace falta poetizar la realidad porque ya viene poetizada de fábrica. Lo que hace el escritor es desbrozar, escoger el elemento característico de una realidad ya de por sí poética que pueda expresarla con más atino a través de la lengua.
1-V-2018
Me temo que nunca te lo podré decir mirándote a los ojos, papá, pero la dulzura y la comprensión con que has observado todo lo que he hecho me han convertido en una mejor persona. No sé cuándo nos tendremos que separar, pero noto que tu protección, tus alas blancas, estarán dando círculos sobre mi cabeza hasta el día que muera. Gracias por tanta luz. En ningún otro hombre he encontrado una ternura igual, aunque a veces la he esperado.
40
No podemos prometer la verdad, pero podemos prometer que seremos sinceros.
41
Cuando uno quiere ser sincero, empieza a sospechar que está yendo por el buen camino. A diario, nos topamos con las tentaciones de la vanidad: el culto a uno mismo, la fama… Es fácil desear todo aquello que, en su superficie, resplandece. Algunas personas son más propensas que otras a esas tentaciones. Yo me considero propenso: siempre he querido el reconocimiento del público, la «gloria», y no estoy seguro de que pueda dominar por completo un deseo que se ha mantenido tan constante en mí. ¿Dónde está su origen? No lo sé. Quizá fui un niño con demasiados pocos amigos y, ya desde la infancia, alimenté este anhelo de elogios, aplausos, la aprobación general. Algunos días, me pregunto si no sería mejor que escribiese textos que pudiesen gustar a mucha gente. ¿Sería capaz de hacerlo? Hace cinco años, creo que sí, porque entonces mi gusto estaba más cerca del de la generalidad de la gente. Ahora, me pasa que no sé exactamente qué es lo que gusta a las masas y me veo más y más conducido a escribir de una única forma posible: siéndome fiel a mí mismo.
Aunque lo parezca, no intento echarme rosas. Estoy hablando de que soy incapaz de escribir algo del agrado de todos. ¿Soy, de paso, incapaz de comunicarme? A mi yo del pasado, ese yo que empezaba a escribir, le habría decepcionado saber que no escribiría para millones de lectores. Ahora, a medida que me alejo de mis primeras ilusiones, entro en sendas que me dan un poco de miedo: ¿lo que hago es literatura? Si no lo es, ¿igualmente puede ser bueno? No estoy seguro de nada y noto que la última crítica negativa que he recibido, más que alentarme para que escribiera mejor, me ha inmovilizado. Quizá hace unos meses podía escribir dos o tres páginas mediocres al día, pero es que ahora puedo estar agradecido por un párrafo de mierda a la semana.
¿Qué me depara el futuro? Me falta imaginación incluso para fantasear con un dulce porvenir. Me gustaría que este gris que ha ido tiñendo mi vida se evaporara un poco, pero ignoro en qué dirección debo andar para que así sea. Estos días, apenas leo, porque ya no me veo capaz de dar a luz a nuevos libros y las obras de los demás solo consiguen despertarme envidia. Si queréis considerarme un jodido vanidoso y alguien falto de talento por lo que estoy diciendo, adelante, hacedlo: dejad de leerme y no volváis. Algunos considerarán que mis sentimientos son muy huecos o incluso viles, pero lo que cada vez voy teniendo más claro es que no escribo para esas personas. Siempre habrá quien me crea un mal escritor, un impostor, un infeliz, lo que sea. Espero que, en el futuro, pueda consolarme con tener dos o tres lectores. Al fin y al cabo, escribimos para otro, sin importar que este tenga una sola cabeza o tropecientas mil.
Veinte años
Día de mi aniversario. Cumplo veinte años. Llegados a este punto, ¿conoceré algo nuevo? ¿Los mayores cambios no sucedían entre la infancia y la juventud? Me da miedo pensar que nunca podré ser todo lo opuesto a lo que soy ahora. ¿Estoy destinado a vivir siempre lo mismo que ya he vivido? La idea es, cuanto menos, siniestra.
Otro comienzo
Adán podría no haber conocido a Eva. Ella habría salido de su costilla y, disgustada por su aspecto, habría huido muy lejos del Paraíso. Adán habría vivido en soledad, entre las montañas, durante algunos años y, después, habría muerto. No habría sabido lo que es el amor y, por tanto, no le habría extrañado no tenerlo. Habría depositado sus sentimientos en las cosas que le rodeasen y habría dormido acurrucado en un rosal.
13-V-2018
Se nos piden hechos, y no palabras; que actuemos, y no que pensemos. Pareceríamos abocados a una huida hacia adelante. Y, sin embargo, en medio de toda esta presión, surgen expresiones en auxilio del verbo: «ser un hombre de palabra», «dar tu palabra a alguien». La palabra puede ser una promesa, puede ayudar a definir la esperanza. Asimismo, también actúa sobre el presente: a través de las palabras, mostramos nuestra comprensión del mundo, y es a través de la comprensión de una situación que podemos llegar a cambiarla. Si las palabras no fuesen transformadoras, todos seríamos iguales; la realidad consistiría en una masa homogénea y sin color, sin hombres, muda.
14-V-2018
«¿Pero tú a qué hora del día escribes?», le pregunté a Laura. «A ninguna en concreto. Solo escribo cuando tengo algo que decir.» Tan simple como eso. Al menos parecía simple. Su estilo era apasionado, nadie habría dudado de que lo que ella escribía era literatura. ¿Debía imitarla? ¿Era eso lo que hacían todos los autores? Si la literatura era lo que se escribía cuando se estaba inspirado, nunca conseguiría hacer algo literario, puesto que yo me ponía a escribir siempre que no tuviera un motivo para hacerlo.
24-V-2018
Rompí un mueble de mis padres sin querer. «Lo hemos tenido durante veinte años, y ahora…», dijo mi madre, tirando los trozos a la basura. Lo había hecho sin querer, insisto. Me di cuenta de cuán fácil es hacer daño cuando no se intenta hacer las cosas ni bien ni mal. Nos deberíamos exigir el cuidado, ser cuidadosos. No solo resistir contra el mal, sino buscar la bondad.
25-V-2018
No pertenezcamos a una nación ni dejemos de pertenecer a una nación. Tampoco seamos ciudadanos del mundo. Limitémonos a pertenecer al lugar concreto en que nos hallamos en este momento, entre los hombres, sobre el suelo, con cierto contento.
26-V-2018
¿Existe Dios? ¿El hombre tiene una esencia? Son preguntas ante las que no creo que quepa dar una respuesta rotundamente afirmativa o negativa. No obstante, a diario veo a gente que se posiciona en un lado o en el otro. ¿Cómo es posible? ¿En qué se fundan? No hago mis preguntas desde el rechazo, sino desde la curiosidad. Mi respeto se reparte entre los creyentes y los ateos, y no hace falta que lo dé al grupo de los agnósticos porque es al que pertenezco.
Formularé otra pregunta: ¿las cosas que rodean al hombre tienen una esencia? Es una pregunta de respuesta mucho más fácil que las anteriores. Es bastante seguro que el hombre no tiene una esencia —o, al menos, que no la tiene antes de ponerse a vivir y dársela a sí mismo—, pero, si bien es difícil hablar de la esencia del hombre porque una parte de un sistema no puede conocer al sistema mismo o conocerse como parte de este, sí que es posible definir las cosas que tenemos a nuestro alcance y hacer, así, que realmente parezcan hechas a nuestra medida.
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Pondré la pecera sobre un gran fuego y dejaré que los peces vuelen hacia las nubes. Se liberarán, se regodearán en el suelo azul del cielo. Puesto que ellos no desearon el olvido de sí mismos, lo tendrán.
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No reconozco más deber que el que yo mismo me impongo. Solo sé guiarme por el deseo.
Estudios de artes y humanidades
Nos podríamos preguntar por qué los estudios de artes y humanidades están tan desprestigiados socialmente. Hay pocos hechos de este tipo que sean casuales. Estos estudios tienen que ver con la Historia y los hombres, pero, sobre todo, guardan una relación muy estrecha con los signos —especialmente los símbolos. La pintura, la literatura, la filosofía... Cuando en una disciplina de estas no encontramos la palabra, encontramos otro lenguaje.
¿Pero qué es lo que vincula la naturaleza de estos estudios con su falta de prestigio? Bien. Poca gente quiere admitir la importancia del lenguaje en su vida o es consciente de esta: nos pasamos el día comunicándonos a través de lenguajes, pero no nos detenemos a reflexionar sobre este hecho. Mientras que los estudios de artes y humanidades han pretendido prestar atención a nuestra relación con el lenguaje y sus posibilidades, quienes ignoran este vínculo suelen ser quienes no tienen ningún problema en usar lenguajes prestados, vivir plenamente de los lugares comunes... Si la razón es puramente verbal, quien usa palabras de otros sin darse cuenta de que le han sido impuestas pone en riesgo su libertad, la consciencia de su propia existencia.
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Si alguien te provoca, puedes responderle y prender la mecha o bien limitarte a no entrar en el juego. Conviene considerar las dos opciones. A veces, creemos que nuestra única posibilidad es contestar, pero contestar es prestar atención, y no todo merece nuestra atención. Es difícil discernir lo que importa de lo que es insignificante.
3-VI-2018
Era el cumpleaños de su madre. Toda la familia se había reunido por la tarde para celebrarlo. En el comedor, reían, charlaban y hacían ruido. Pero él se había encerrado en la cocina durante un rato. A través de una ventana, veía cómo la lluvia caía sobre el jardín y habría preferido estar en otro lugar. ¿Entraría en el comedor? ¿Hablaría con los demás? No estaba seguro de si era capaz de ello, de si era capaz de actuar con una perfecta naturalidad. Oía las risas de uno de sus primos: veintiocho años, una carrera y dos másteres, un carné de conducir, una familia en construcción; su voz no se quebraba en ninguna conversación. ¿Pero él podría entrar en la misma sala que su primo y escucharle como si no hubiera ninguna diferencia entre los dos? Resolvió seguir en la cocina hasta que alguien notase su ausencia y lo llamase.
6-VI-2018
«Soy un producto.» Esta aseveración, hace dos siglos, probablemente habría sonado muy extraña. Hoy en día, no nos sorprende. La hemos escuchado más de una vez. Es más: uno de los cantantes que encuentro más interesantes del panorama nacional actual, C. Tangana, la repite allí donde va. ¿Pero qué ocurre con esa afirmación que nos debería preocupar? Cada vez que alguien la pronuncia, el sentido común se tambalea. ¿Un humano es un producto de consumo? ¿Un objeto de uso? ¿Un objeto de cambio?
Yo como un producto. El ser humano como un producto. No termina de sonar bien, ¿verdad? Cuando uno se considera a sí mismo un producto, la situación no nos alarma, pero, cuando uno empieza a considerar productos a los demás, las cosas camban un poco. Hay un solo paso entre el trato que nos damos a nosotros mismos y el trato que damos a los demás; de ahí la importancia de curarse y cuidarse a uno mismo con tal de poder curar y cuidar también a quienes nos rodean; de ahí, asimismo, que quien se odia a sí mismo dirija su frustración hacia los demás. Nada me impide pensar que ya hemos empezado a considerar productos a los demás: nuestros perfiles en las redes sociales como Instagram, Facebook o Tinder, puestos en listados (los buscadores) que muestran nuestro nombre, nuestra foto de perfil y nuestra breve descripción, recuerdan bastante a los listados de productos de páginas como Amazon o eBay. En Internet, somos como hormigas: es muy difícil que alguien se fije en nuestra singularidad, puesto que aparecemos rodeados —casi diría circundados, delimitados— por miles de perfiles de otros usuarios.
¿Tú como producto? ¿Él como producto? El paso de la primera persona a la segunda o la tercera es sutil, leve. Parece que hayamos olvidado uno de los imperativos categóricos de Kant, ese filósofo que suele caer mal a la gente joven. ¿Qué decía su imperativo? Que tratásemos a los demás como fines, y no como medios. No hay productos de consumo, no hay objetos de uso, en este terreno del que estamos hablando.
Podemos vernos a nosotros mismos como productos, como marcas, pero, si nos creemos demasiado ese discurso, estaremos cayendo en la trampa de quienes querrían reducir a los hombres a un puro dato, a mera estadística, a un gancho para obtener dinero. No son pocos quienes pretenden eso. Nos cabe replantearnos las cosas, regresar un poco a cuando los hombres se veían como hombres y se reconocían en el prójimo (de hecho, ¿haría falta regresar? No hemos dejado de ser hombres, por más que conceptualmente se haya hablado de lo que vendrá después de los humanos). «Soy una persona» en lugar de «Soy un producto». La proposición que propongo es menos llamativa, incluso insultantemente obvia, pero quizá podríamos rescatarla como muestra de dos cosas: la consciencia de los peligros de nuestro mundo, ante los que siempre deberíamos estar en tensión, y nuestra insistencia en lo irreductible del ser humano.
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Los rosales sienten que un jardinero les corta las ramas, pero no por ello dejan de florecer.
OBRA DE DAVID HOCKNEY.

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