viernes, 8 de junio de 2018

(Diario) 8 de junio de 2018



Sin ilusión ni para escribir en este diario, el día a día se me antoja frío; la gente, desabrida; el futuro, sospechoso. Ayer fui a la Seguridad Social y tuvieron que ponerme una venda en el tobillo izquierdo. Ayer fui a una entrega de premios en Els 4 Gats y me dieron el primero, pero estaba muy avergonzado del texto con el que había ganado. Soy incapaz de apreciar las últimas obras que he hecho; las anteriores, no consigo ni recordarlas. Sería imposible recuperar la satisfacción con que he escrito durante los últimos nueve años.
A veces, me parece que lo que me liga a la escritura es un tonto empecinamiento. Cumpliré cuarenta años, estaré a mitad del trayecto y veré que, en lugar de vivir lo que cada momento me exigiese, me he aplicado a una tarea para la que no tenía talento. Pobre yo del futuro, pobre.
Creo que llego tarde a tener una vida como las demás. A fuerza de desear lo que no estaba en mis manos, he deformado mi infancia y mi adolescencia. Sigo deformando mis relaciones personales y no me queda nada. Podría morir mañana mismo. ¿Qué se desprendería del rastro que he dejado sobre la tierra? ¿Que soy un infeliz? No me considero tal, en cualquier caso. El vacío siempre me ha acompañado, ha estado acechándome desde la distancia. Y, además del vacío, también esta voz interior ha caminado a mi lado. Esta voz.

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