domingo, 6 de mayo de 2018

(Diario) 6 de mayo de 2018



Pese a que ayer era mi cumpleaños, salí de fiesta, como si fuese una noche más, como si no hubiese nada que celebrar. Me aburrí soberanamente. Fuimos al Serengeti a tomar unas cervezas y unos chupitos; luego, en el Innobar, tomamos unos cubatas y más chupitos; dentro de la discoteca bebí dos cubatas. Recuento de la noche: tres chupitos, tres cubatas y dos cervezas, además de tres o cuatro cigarrillos a los que me invitaron. Maria y Paula conocieron a unos chicos de dieciocho que a mí se me hacían bola; me iba distanciando del grupo como si estuviera allí solo. Hoy me he despertado con algo de malestar y no es justo que esté de esta manera si anoche no me divertí.
Comida familiar. Reviso las fotos de anoche y me doy cuenta de que en todas salgo como si estuviera muy mal de la azotea. Trato de trabajar en una presentación para clase, pero no hay forma.
A las siete de la tarde, tomo el autobús hacia Barcelona. Quería celebrar mi cumpleaños con Abril. Llego a tres cuartos. Hemos quedado a las ocho en punto. A las ocho y cuarto, todavía no ha llegado, pero intento ignorar el cabreo que va engrosándose dentro de mí, como un ovillo. Abril aparece y se me pasan todos los males. Viene maquillada, deslumbrante. Me regala un montón de libros. La amo.

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