jueves, 31 de mayo de 2018

(Diario) 31 de mayo de 2018



Ayer, terminé las clases. Hoy, por la mañana, no sé exactamente qué hacer. Por la tarde, en un arrebato, tomo el autobús a Barcelona y voy a ver Caras y lugares, dirigida por Agnès Varda. Nunca antes había estado en los Yelmo Cines Icaria. Resulta ser un cine decadente, desierto, maloliente. Cuando entro en la sala de la proyección, no hay nadie. Al cabo de un rato, aparecen tres personas. He salido de la soledad de mi casa para ir a parar a la soledad de un cine viejo, no está mal. Acaba apareciendo también una mujer que tose como si fuese una fumadora experta.
«Sí, el azar siempre ha sido el mejor de mis asistentes.» «El objetivo es el poder de la imaginación.» «[Dirigiéndose a Jean-Luc Godard] Y yo te conozco bien. Y te quiero. Pero eres una rata.» Las frases de Varda a lo largo del filme me impresionan, me llevan al llanto más de una vez.
Constatación: los hombres no debieron empezar a vestirse para protegerse de las inclemencias del tiempo, sino para protegerse de las inclemencias de las miradas. La mirada de los demás hombres: ¿qué hay que, siendo tan sutil, pueda afectarnos con tanta intensidad? Una mirada es aprobación, seducción, rechazo, desinterés. Habría dado alguna que otra amistad hueca a cambio de una mirada fugaz, preciosa.

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