jueves, 10 de mayo de 2018

(Diario) 10 de mayo de 2018



Por la tarde, voy a la piscina. Un chico que nada como una anguila da brazadas violentas. Una muchacha me adelanta varias veces. Podría alargar un brazo y tocar accidentalmente el vientre del Hércules que nada a mi lado. Con estos hombres es imposible concentrarse. En las duchas, me derrito ante tantos cuerpos jóvenes, me fundo bajo el chorro de agua.
A las siete y pico, cojo el autobús hacia Barcelona. Me encuentro con Alba. Vamos al concierto de Pau Vallvé en Sala Bikini. He esperado ansioso este día. Vallvé canta y yo pienso: «¿Cómo describir lo que estoy sintiendo? ¿Cómo ponerle palabras?» Las luces del escenario se vuelven rojas y me imagino que, curvando la espalda, agarrando la guitarra, el cantante asesina la razón.
Alba se queda a dormir en casa de una amiga en Barcelona. Yo tengo que recorrer solo la Diagonal y Rambla de Catalunya. Vuelvo con el último tren. Subo hasta casa a paso rápido. Al llegar, me doy un atracón de dulces y me tumbo en la cama.

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