lunes, 2 de abril de 2018

(Diario) 2 de abril de 2018



Noche horrible. Casi no he podido dormir. Me he despertado empapado en sudor. Por la mañana, siento un fuerte dolor de garganta y me mareo cada vez que me levanto de la cama. Me tomo un ibuprofeno y, a eso de las doce, ya se me han olvidado todos los males.
He ido a ingresar dinero al banco con una sonrisa de lado a lado. Mis abuelos paternos son mis padrinos y, como que hoy es lunes de Pascua, me han regalado un billete de cien euros. Desde que era un niño, mi abuela me ha dicho que debo ahorrar. Tengo razones para creer que el ahorro y la discreción son los valores que sustentan mi familia.
Cada día, a las seis de la mañana, me despierto y voy inmediatamente a desayunar. A esa hora, suelo estar medianamente hambriento. ¿Podría no hacerlo? ¿Acaso alguna vez me he preguntado si tengo más motivos para no comer que para comer? Nunca me lo he planteado. No obstante, sería comprensible que el hombre, tan cubierto de taras y tan consciente de todo, se preguntase si debe o no debe comer. El vagabundo barbudo que a veces hay en Ronda Universitat no debe comer todos los días, puesto que está en los huesos. ¿Qué me impide dejar de hacer todo aquello que me han enseñado a hacer? Y, es más: ¿qué me impide empezar a hacer lo que los demás no me habían programado para hacer?

No hay comentarios:

Publicar un comentario