lunes, 16 de abril de 2018

(Diario) 16 de abril de 2018



Ayer, domingo, me habría gustado quedarme en casa estudiando, pero recibí un mensaje de Maria: «¿Te vienes a dar una vuelta?» Al cabo de media hora, a eso de las seis de la tarde, ya estaba en la puerta de mi casa. Bajamos andando, respetando el silencio de la ciudad. Al lado de la estación de trenes, nos encontramos con Paula. Dimos un paseo por el puerto —el mar aparecía, a nuestro lado, tan tranquilo como el cielo— y luego por el paseo marítimo. Después subimos al centro y pedimos unos refrescos y una copa de vino en El Pati; había un chico muy mono. Perdimos la noción del tiempo y acabamos volviendo a casa a eso de las nueve.
Como decía, me habría gustado dedicar el día a preparar el examen que tengo esta semana. También me habría gustado escribir. Al regresar, me arrepentí un poco de haber ido a dar ese paseo tan insustancial, tan gratuito, pero, a la vez, me di cuenta de que, si me desprendía de las pretensiones y la ambición con que normalmente he querido domar la vida, esa tarde se parecía más a un placer que a un error.

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