viernes, 16 de marzo de 2018

(Diario) 16 de marzo de 2018



Cuello alto negro, pantalones grises y botas. Salgo de Mataró a las seis de la tarde, en dirección a Barcelona: voy al concierto de Roger Mas en L’Auditori. ¡Siento que hace tanto que no escribo en este diario! Si mis intuiciones son ciertas, todo lo autobiográfico que he escrito estos últimos meses solo ha fatigado a mis pocos lectores. Escribo un poco de ficción cada día. No publico nada en mi blog.
Me encuentro con Alba dentro del autobús. Vamos juntos al concierto. Al llegar a Barcelona, nos dirigimos al Ateneu, donde ella pide un cortado y yo una copa de vino tinto. Fumamos de su tabaco de liar: Amsterdamer. Nos quedamos media hora en el jardín del Ateneu y luego tomamos el metro en dirección a L’Auditori: nos equivocamos de línea y tenemos que volver atrás.
El concierto resulta mucho más ameno que ese al que fui el viernes pasado, el de Mishima. Roger Mas canta algunas canciones sentado y otras de pie. Le acompañan un contrabajo, un piano y una chica que sabe tocar una multitud de instrumentos extraños. Su modestia me asombra: no hay ningún tipo de pretensión excéntrica, roquera, ni en su voz ni en su forma de moverse.
Cuando salimos de allí, cenamos en el Taco Bell de Ronda Universitat. Nunca había entrado en este sitio. No puedo acabarme los tacos. Al cabo de un rato, me duele la barriga. Volvemos a Mataró en un autobús nocturno al que suben adolescentes bebidos.

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