sábado, 31 de marzo de 2018

(Reseña de cine) Una risa grotesca. Jeannette, l’enfance de Jeanne d’Arc, dirigida por Bruno Dumont



El cine de autor da libertad a los directores para que modelen su propia filmografía a su antojo. Hay directores que parecen estar haciendo siempre la misma película —en ocasiones, lo que ocurre es que cada uno de sus largometrajes forma parte de un conjunto superior, de una gran obra, como algunos han afirmado a propósito de Hong Sang-soo— y directores que filman películas tan dispares que cualquiera diría que su intención es despistar. En el caso de Dumont, encontramos un cineasta que, en sus últimos trabajos, ha oscilado entre la comedia y el drama sin por ello renunciar a un estilo muy singular, fácilmente reconocible.
Si en Camille Claudel 1915 primaba la calma lánguida de un manicomio y en La alta sociedad el espectador asistía a una serie de acontecimientos esperpénticos protagonizados por gente de clase alta y campesinos, Jeannette, l’enfance de Jeanne d’Arc introduce una situación en que la tranquilidad se mezcla con la excentricidad. Jeannette trata de la infancia de Juana de Arco, pero el argumento tiene poco grosor y, a los pocos minutos de metraje, el público se da cuenta de que más bien es una excusa para dar cabida a diálogos solemnes sobre la fe y el papel de Dios y a escenas musicales —sí, escenas musicales, tanto de rap como de metal— en que se ve bailar a los protagonistas como si los éxtasis religiosos hubiesen mutado en rituales tribales, desconocidos, indescifrables, rematadamente contemporáneos.
Jeannette no encuentra su fuerza en el valor histórico de lo que cuenta o en una acérrima y muy francesa reivindicación de la figura de Juana de Arco, sino en ese pastiche de registros y géneros que, en manos de Dumont, convierte la película en una experiencia única, rarísima. Los espectadores van a sentirse divididos: habrá a quien Jeannette le encante por lo poco que se parece a todo lo que ha visto antes y a quien le disguste por apartarse tan radicalmente de las convenciones cinematográficas que, desde niños, nos han obligado a conocer.
El felliniano Dumont podría ser un director incomprendido, marginal. Sin embargo, sus últimos filmes se han estrenado en grandes festivales e incluso ha llegado a las salas españolas —cosa que no puede decirse de todos los artistas que concurren en el Festival de Cannes. Cabe mantener la esperanza: aunque las obras de Dumont vayan a crear disensión de opiniones, poseen el suficiente carácter como para convertirse en un objeto de discusión, de reflexión. Solo por eso ya deberíamos darle una oportunidad.
FOTOGRAMA DE JEANNETTE, L'ENFANCE DE JEANNE D'ARC, DIRIGIDA POR BRUNO DUMONT

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