viernes, 2 de febrero de 2018

(Microcuento) Legañas



Como que era lunes, mamá me vino a buscar al colegio. La encontré con las mamás de mis compañeros. Me cogió de la mano y fuimos hacia casa. Le pregunté qué había para comer, pero aún no tenía nada pensado. Le conté cómo había sido mi mañana: nos habían hecho pintar una flor y una profe nos había reñido a la hora del patio. «¿Por qué motivo?», preguntó mamá, pero yo tenía una mano en la boca.
A medio camino, encontramos un señor. Estaba sentado en el suelo, encima de un cartón. Tenía una cajita delante de los pies y pedía una ayuda, por favor, una ayuda, por favor, señora. Pero mamá no le hizo caso. Le miré a los ojos: tenía unas legañas enormes; a mí nunca me habían salido unas tan grandes. «¿Por qué ese señor tiene legañas, mamá?», pregunté. Y me dijo que ese señor vivía en la calle, como nosotros vivíamos en casa.
«¿Y mucha gente vive en la calle?», pregunté. Pero mamá, en lugar de responder, me dio un consejo: «Si estudias mucho y te pones a trabajar, no te saldrán unas legañas como las de ese señor.» Me quedé pensativo y no añadí nada más hasta que entramos en casa. Fui a buscar a Gato y estuve jugando con él hasta que mamá me avisó para ir a comer.
Tendré que estudiar mucho para no tener esas legañas. ¿Pero cuántos años tendré que estudiar? Acabar primaria, secundaria, bachillerato… ¡Tantos años como dedos tengo en las manos! ¡Eso son muchos años! Pero, además, a mí me aburre estudiar. Cuando mamá me manda que haga los deberes, cojo un lápiz y dibujo redondas y triángulos como si escribiera. Nunca se da cuenta. Luego, en clase, cuando la profe pasa por delante de mi mesa, levanto mi cuaderno para que no pueda ver qué hay dentro. Siempre me pongo muy nervioso. Me pongo rojo.
Pero algún día tendré que empezar a estudiar mucho. Estudiar mucho para, después, trabajar mucho. Trabajar mucho para no tener unas legañas tan grandes, tan grandes como garbanzos. ¿Ese señor de la calle debió estudiar mucho para trabajar mucho? No lo creo. Ese señor de la calle también debía dibujar redondas y triángulos cuando le pedían que hiciera los deberes. Tengo que dejar de dibujar redondas y triángulos para no tener legañas como garbanzos; ni pedir una ayuda, señora, una ayuda; ni sentarme en un cartón como ahora me siento en una sillita pequeñita. Debo estudiar mucho para trabajar mucho, para ganar mucho.
«RETRATO DE IRMA BRUNNER», DE EDOUARD MANET

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