viernes, 9 de febrero de 2018

(Diario) 9 de febrero de 2018



Me paso la mañana leyendo. Por la tarde, voy al Museo d’Història de Catalunya porque me han mandado en una asignatura que visite su exposición permanente. El museo está desierto. Las reproducciones de cosas históricas son definitivamente kitsch. Creía no haber estado nunca aquí, pero, cuando llego al apartado de «La Guerra dels Segadors», me doy cuenta de que ya había venido con el colegio, puesto que reconozco las esculturas expuestas; es un museo anodino que había olvidado por completo. Además, este lugar huele a comida.
Cuando salgo del museo, me topo con una puesta de sol delicadísima en el puerto de Barcelona: color rosa, amarillo y azul. Me quedo mirando fijamente ese cielo hasta que no puedo resistirme más y saco el móvil del bolsillo para fotografiarlo. Subo por Via Laietana. Cruzo unas calles estrechas. Paso por Plaça Nova, Portal de l’Àngel y alguna calle más. Llego a la punta de Rambles; allí, me he citado con Abril. Recibo un mensaje suyo: «Te estoy esperando en la fuente de Canaletas.» ¿Qué es eso? Echo un vistazo a mi alrededor y acabo vislumbrando una oscura, pequeña, mustia fuente a cuyo pie hay Abril saludándome con una mano. Corro a abrazarla; desde nuestro viaje a Madrid, hace un par de semanas, no la veía. Vamos al bar Sor Rita, donde pedimos dos cafés y no nos sirven porque, dicen, es un bar de copas. «Pues una cerveza mediana.» «Sí, para mí también.» Este bar es entrañable, aunque solo había estado una vez antes, con Francesc. La contraseña de la wifi es: «hagasloquehagaspontebragas». Hay tacones pegados en el techo y fotos de pelis de Almodóvar en las paredes. En cierto momento, suena una canción que papá me ponía cuando era pequeño: Que se mueran los feos, de los Sirex. Tengo las manos congeladas. Un poco más tarde, vamos al Ateneu y, en la cafetería, pedimos los cafés que no nos han querido servir en el otro lugar. Nos sentamos en el salón, en un sofá largo de color marrón. Hablamos hasta las nueve y media y, hacia esa hora, me doy cuenta de que debería ir volviendo a Mataró. Nos despedimos, de nuevo, en la punta superior de Rambles y corro a tomar el autobús. Algunas de las palabras que hemos cruzado esta tarde permanecerán conmigo algunos días. Abril y yo estamos muy de acuerdo en que las cosas que buscamos ocurren cuando hemos dejado de buscarlas: «Es como una ley universal, siempre pasa», se atreve a decir Abril.
Foto tomada el 9 de febrero de 2018

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