martes, 6 de febrero de 2018

(Diario) 6 de febrero de 2018



Vuelvo a las clases. Ya he dejado Filosofía atrás, pero la filosofía sigue conmigo. Paso media mañana en la Facultad de Filología y otra media mañana en el salón del Ateneu Barcelonès. Tomo un café en el jardín, aunque hay un ruido terrible proveniente de algún lugar donde están construyendo y me tengo que ir rápidamente.
Entre las clases de la tarde, vuelvo a ir al Ateneu. Este lugar ha sido mi obsesión constante; la primera vez que entré en él, a los dieciséis años, no quería salir; no me obsesiona por la gente que encuentro paseando o haciendo cosas en sus salas, o no solo por eso, sino por un aire de solemne informalidad que recorre todo el edificio.
Más tarde, tomo un café en Cèntric con Cate, una estudiante de Filosofía y Estudios Literarios que conocí a través de las redes. Pasamos una hora y cuarto hablando: la especificidad de la filosofía, mis estudios, etcétera. Nos caemos automáticamente bien. Sin embargo, cuando nos levantamos de nuestra mesa, un hombre algo bebido, con una sonrisa de lado a lado, bromea con Cate: «Si quieres, te pago el café.» Lo miro frunciendo el ceño y Cate lo ignora. Pasamos unos segundos en silencio mientras pagamos nuestras consumiciones. Al salir a la calle, Cate explota: le ha sentado muy mal el comentario de ese desconocido. Con razón. Me siento tentado de justificarlo: «Bueno, era un hombre borracho», pero en realidad no deberíamos pretender racionalizar lo que ya de buen principio es un error que entendamos como normal.
Última clase del día. Realismo y Naturalismo en la literatura catalana. Seguramente, esta asignatura será de las que me mantengan más expectante de toda la carrera. Aprender del Realismo dieciochesco para afrontar un realismo autobiográfico, subjetivísimo, acorde con mi siglo sin que por ello tenga ninguna pretensión de innovación o superación de modelos tradicionales —más bien tratando de ser fiel a la tradición, transformándola. Algunas asignaturas de literatura me sirven, como escritor, para observar mis propias posibilidades.

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