lunes, 12 de febrero de 2018

(Diario) 12 de febrero de 2018



¿Qué he soñado esta noche? Estaba en un hotel y me acompañaba un chico. Salíamos a la calle. De un momento a otro, me acordaba de que no me había vestido antes de salir del hotel. Empezaba a sentir pudor por estar desnudo en un espacio público y, poco a poco, se desvanecía, para regresar más tarde; era como el movimiento de las olas. Creo que, al final, alguien me acercaba una prenda.
En las primeras páginas de un libro de Proust, leí lo siguiente: «se olvida pronto lo que no se ha pensado con profundidad, lo que ha sido dictado por la imitación, por las pasiones circundantes.» En un primer momento, no di demasiada importancia a estas palabras, pero, a medida que pasaron los días, vi que seguían dándome vueltas por la cabeza, casi sin que yo lo quisiera. ¿Qué hay de verdad en ellas? La suficiente verdad como para que hayan quedado fijadas en mi memoria. Todo lo que escribo es un esfuerzo por volver a unos determinados temas, ideas, temores; pensar, para mí, tiene más que ver con acercarse y mirar que con preguntar —y acercarse y mirar, pienso, exige que una misma cuestión se abandone y retome más de una vez.
Mañana de llovizna ligera. Tomo el autobús y bajo en la parada de Plaça Tetuan. Camino por Arc de Triomf, paso por delante del Palau de la Música Catalana. Vivir en Via Laietana debe ser muy agradable, con tantos restaurantes cerca. La lluvia se suele asociar con la fecundidad; algunos seres nacen del mal tiempo —parece una metáfora meteorológica de lo que, en ocasiones, encontramos en la vida humana. El frío hace que se me abran dos brechas en la mano derecha. Decido tirar a la basura el paraguas que he traído porque su estampado se está deshaciendo y me está dejando las manos sucias. Podría considerar que el de hoy está siendo un mal día. Podría.

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