viernes, 26 de enero de 2018

(Diario de adolescencia) 26 de enero de 2018



Ayer fue un día agradable, lleno de recuerdos. Abril vino a Mataró y le enseñé la ciudad. También fuimos a la finca familiar de Dosrius: encontramos algunas macetas rotas y un banco de mármol destruido; informé a mis padres; papá y mi abuelo subieron al cabo de un rato; un vándalo ha estado causando estragos en nuestra propiedad y creemos saber quién es.
Hoy, a las seis de la mañana, Abril y yo tomamos el AVE hacia Madrid. El tren llega a diferentes estaciones cuando aún es de noche. Los pasajeros no hablan fuerte; muchos duermen; es pronto y el mundo todavía no ha despertado.
Llegamos a la Estación de Atocha. Tomamos el metro. Comparamos la ciudad con Barcelona. Nos instalamos en el hotel y vamos al Museo del Prado. Después comemos en un Nostrum, con un gran delirio por los sitios que nos son ya conocidos. Más tarde vamos a ver el museo de la Biblioteca Nacional de España, pasamos por la Fresh Gallery y visitamos el Museo del Romanticismo. Acabamos el día paseando por el Retiro, viendo una obra de teatro con Josep Maria Flotats i Pere Ponce en el Teatro María Guerrero (en la entrada, vemos a Carmen Lomana: cutis perfecto, rostro abstraído, mirando hacia su móvil) y cenando en un restaurante japonés. Un último paseo hasta la Puerta del Sol y regreso al hotel. Enumerar las cosas que se hacen cuando se está de viaje es tedioso e inútil: la literatura, probablemente, consiste en mucho más que en enumeraciones para recordar. No solo escribimos para preservar la memoria.

No hay comentarios:

Publicar un comentario