domingo, 21 de enero de 2018

(Diario de adolescencia) 21 de enero de 2018



Mi abuelo, este mediodía, ha ido a la finca familiar que tenemos en el bosque. Ha vuelto atónito. Durante la última semana, quizá de noche, han entrado a robar en una de las casas que hay dentro de la finca. No se han llevado nada. Han abierto el gallinero en el que tenemos dos perros y uno se ha escapado; el otro sigue con nosotros. Dosrius, que a lo largo de mi infancia fue un lugar del que creía que nunca me separaría, ahora empieza a desvanecerse, como si la vida, en lugar de consistir en lo que viene antes de la muerte, fuese una sucesión de muertes que nos incumben sin llegar a afectarnos, a tocarnos físicamente. Estamos perdiendo el bosque de Dosrius, el bosque de mi niñez y adolescencia. La esperanza me indica que hay otras cosas, otros mundos, que llegarán con el tiempo, pero eso no quita que toda pérdida sea, como mínimo, un engorro.

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