sábado, 9 de diciembre de 2017

(Diario de adolescencia) 9 de diciembre de 2017



Escribir viene a ser como usar una cafetera. Coges el café molido como tomarías la realidad después de haberla percibido. Lo pones cuidadosamente sobre el filtro. Llevas el culo de la cafetera de agua, de todo lo que has ido escuchando y leyendo y que te ha permitido configurar un estilo. Finalmente, enroscas la cafetera y la pones sobre el fuego. De la extraña mezcla entre esa materia prima, el recuerdo, y el agua que da forma, que formaliza, acaba surgiendo el café que voy a tomarme. Son las dos de la tarde, aún no he comido, pero necesito un trago de esto para despejarme. El cielo ha estado gris toda la mañana y la ciudad permanece silenciosa.
A las tres, después de almorzar con la familia, salgo en dirección a Barcelona. Mis padres necesiten que les lleve a Mataró los encargos que han hecho a algunos proveedores. No les he podido decir que no: cualquier razón me sirve para pasar una o dos horas diarias caminando por Barcelona. De camino a la parada del autobús, pienso en los niños. Me molesta que se haga la siguiente pregunta: «¿Te gustan los niños?» ¿Acaso alguien me podría preguntar si me gustan los adultos? La infancia es un lugar tranquilo hasta que alguien te cuenta que hay algo que la sigue, algo grande y desconocido.
Ya en Barcelona, me hundo en el mar de gente de Plaça Catalunya. Les Rambles, Carrer Portaferrissa, Carrer Petritxol. Entro en una tienda. Salgo. Plaça del Pi. Entro en las Galeries Maldà: la decadencia de este lugar representa la decadencia del prestigio de uno de sus habitantes más ilustres, el baró de Maldà. Salgo de las galerías. Carrer del Pi. Carrer Portaferrissa. Plaça Nova. Carrer del Bisbe. Plaça Sant Jaume. El Call. Entro en otra tienda. Salgo. Carrer de Ferran, donde oigo una pareja que discute como en una obra de Eduardo de Filippo. Les Rambles. Carrer Tallers. Me topo con Francesc y cruzo dos palabras con él. Carrer Gravina. Carrer Pelai. Una mirada; viste de negro y camina con seguridad. Carrer Universitat. Cojo el autobús de vuelta a Mataró a las cinco y me paso el trayecto mirando el paisaje.
Al igual que la razón está dentro del corazón como aquello que domina, la modernidad está dentro de la posmodernidad. Puede que el motivo de que muchos pensadores se hayan negado a hablar de posmodernidad sea, justamente, que esta representa una continuación de la modernidad. La posmodernidad niega el poder absoluto de la razón y, sin embargo, usa una herramienta tan racionalista como el lenguaje.

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