(Diario de adolescencia) 30 de noviembre de 2017



Puede que el liberalismo sea algo así como el Dios de los cristianos: todos nos indignamos porque no da respuesta a las desgracias del mundo. Sin embargo, preferimos esa falta de intervención a un dios tiránico que se inmiscuyese en nuestra vida en pos de un ideal.
A las siete de la mañana, el cielo parece enturbiado. Lo miro desde la ventana de mi habitación y me parece que estoy observando el interior de una cajita antigua, pintada por un artesano. Aún no ha amanecido. Se oye un insecto en el jardín de los vecinos. Solo el ruido de unos pocos coches, acelerando, traspasa las paredes y llega hasta este cuarto que, a veces, creo más aislado del resto de las cosas de lo que realmente está.

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