domingo, 24 de diciembre de 2017

(Diario de adolescencia) 24 de diciembre de 2017



Me despierto a las tres de la tarde y no tengo tiempo para hacer gran cosa. A las siete y media, llegan mis abuelos maternos y la tía de mamá a casa. Por primera vez, celebramos la Nochebuena aquí en lugar de en casa de mis abuelos. Cenamos opulentamente. Se habla de todo y de nada; yo me mantengo en mi silencio de las comidas familiares. A la una de la madrugada, ya se han ido todos los invitados. No ordenamos y recogemos la mesa porque lo queremos hacer mañana; el comedor ha quedado hecho una pocilga. La decoración navideña de la casa, este año, ha sido mínima. Admiro a quienes tienen espíritu navideño: entusiasmarse por algo es excepcional, fuera de lo común; lo que más abunda es la mediocridad, aunque hay quienes consiguen combinar perfectamente la mediocridad con la estridencia.

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