(Diario de adolescencia) 19 de noviembre de 2017



Pese a que me he despertado alguna vez, esta noche he tenido los sueños más fantasiosos de los últimos meses: me encontraba en la Real Academia Española, veía a mis padres acercarse y mi padre se empezaba a quitar los pantalones en el suelo; asistía a una cena con cuatro mujeres y un hombre en que tres de ellas se clavaban un cuchillo en el pecho a la vez; compraba comida basura con los compañeros de mi primer colegio y tenía que darme prisa para comérmela antes de ir a coger el tren.
Por el mediodía, voy con Abril a la inauguración de la librería La inexplicable. «Esto está más lleno que el metro.», dicen. Más que haber mucha gente, lo que ocurre es que el local es pequeñito.
Veo Milla, dirigida por Valérie Massadian, en L’Alternativa, festival de cine independiente. Ahora más que nunca, sospecho de categorías como las de cine independiente o cine de autor. Se nota el peso de la industria cultural detrás de ellas. Cuando un sistema ideológico tiene interés en colarse en los pensamientos de la gente, no justifica solamente sus propias reglas, sino que justifica las reglas de lo que se opone a tal sistema, de lo que queda fuera de sus límites. «Distinciones como las que se establecen entre películas de tipo A y B, ... más que resultar de la cosa misma, sirven para clasificar, organizar y manejar a los consumidores. Para todos hay algo previsto, a fin de que ninguno pueda escapar; las diferencias son preparadas y propagadas.», escribieron Theodor W. Adorno y Max Horkheimer en «La industria cultural. Ilustración como engaño de masas».
Tenemos el cine comercial y, en el otro extremo, el cine de autor o independiente; tenemos lo mainstream y lo underground. Esas mismas categorías son establecidas por quienes producen las películas, como son quienes editan los libros quienes establecen las categorías de ficción y no ficción. Son distinciones, en definitiva, inexistentes. ¿Y cuál es mi conclusión? Pues no sé. Que el cine de autor —que adoraba tanto hace un tiempo— no es bueno de por sí. Las cosas pueden hacerse bien o mal tanto dentro del cine de autor como fuera de este. Podríamos decir que quienes creen en el significado de esas categorías y las defienden a ultranza están atados de manos y pies, aunque ninguna venda les cubre los ojos y eso les ahorra la sensación de asfixia.

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