(Diario de adolescencia) 7 de octubre de 2017. Camí de la Geganta, David Bowie



Debería estar estudiando más de lo que lo estoy haciendo, aunque también pienso que debería escribir más y leer más, de manera que concluyo que, simplemente, siempre creo que debería hacer lo que hago con mucha más intensidad. Probablemente esta es la única forma de vivir que he asimilado hasta ahora: preocupándome por si estaré haciendo lo correcto. Me habría tranquilizado mucho que la vida llevase un manual de instrucciones; no obstante, sigo prefiriendo esta libertad inconmensurable que caracteriza la existencia humana. En fin. Los plátanos de Camí de la Geganta son impresionantes; me los quedo mirando mientras paseo; solo hay un árbol en Mataró que me sorprenda más: los eucaliptos de Parc Vell; ah, bueno, y las acacias de Plaça Gran. A las cuatro de la tarde, salgo para Barcelona. Casi que no he hecho nada durante toda la mañana.
Me encuentro con Abril en Plaça de Glòries y vamos al Museu del Disseny a ver la exposición sobre David Bowie. Me quieren dar una audioguía y mi primera reacción es de desconfianza: nunca quiero audioguías; luego, me aclaran que no es una audioguía al uso, sino que el aparato contiene música de Bowie. Los vestidos expuestos son espléndidos; se presta mucha atención al Bowie de Ziggy Stardust; me enamoré de ese Bowie a mis catorce o quince años, cuando creía que mi proyecto vital, más que la escritura, era la confusión de género, buscar un punto medio entre lo que tradicionalmente se ha entendido por una mujer y lo que tradicionalmente se ha entendido por un hombre. Bowie nos enseñó a ser provocadores a los jóvenes que vinimos después de su eclosión de los años setenta. Descubro el vídeo de Boys keep swinging en una de las salas de la exposición y me doy cuenta de que, por mucho que me obsesionase con Bowie en el pasado, sigo teniendo mucho de él por ver; es uno de estos hombres que equivalen a un continente: ¿qué hombre no equivale a un continente? Cada uno de nosotros es un continente para sí mismo; aún no hemos explorado algunas zonas mientras que otras zonas han sido tan frecuentadas que ya hemos empezado a construir rascacielos en ellas.
Diecinueve años. Tengo diecinueve años y sigo sumergiéndome en la biografía y obra de Bowie como la primera vez. ¿Cuántas veces me prometí, de pequeño, que haría algo grandioso? No sé qué es algo grandioso, pero antes creía saberlo. Cuando ya hemos salido de la exposición, Abril me habla de la virtud según Aristóteles. Aristóteles tenía tanta razón en todo que me hace sospechar. Algo falla.

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