(Diario de adolescencia) 20 de octubre de 2017



¿Hay una conexión entre la satisfacción y la felicidad? En absoluto. Puede que en ocasiones se den juntas, pero pertenecen a ámbitos distintos. Uno se siente satisfecho después de haber hecho un esfuerzo por llegar a un ideal y haberlo alcanzado en una medida considerable. Uno puede estar satisfecho y, a la vez, entusiasmarse o deprimirse. La satisfacción es compatible con la alegría o la tristeza. La felicidad, sin embargo, no casa con esos estados de ánimo. La felicidad es atonía, es vacío, es aburrimiento. La felicidad es tener la cabeza lo suficientemente despejada como para decirse a uno mismo: «Todo está como tiene que estar. Soy feliz.» Sí, la felicidad es un estado. Un estado que muestra discontinuidades: se interrumpe cada vez que tenemos que bajar a la arena de la vida práctica. O así lo veo yo.
Esta tarde, el cielo de Mataró era espléndido. Antes de que anocheciera, ha cobrado un color naranja especialmente radiante sobre las nubes. Como que esta mañana ha llovido, el suelo de la calle estaba un poco más oscuro de lo habitual y exhalaba el frescor sutil de las piedras. Siempre me ha parecido que es demasiado fácil resbalar con estos adoquines.

No hay comentarios:

Publicar un comentario