(Diario de adolescencia) 13 de octubre de 2017



Sin ningún proyecto a la vista, me siento desolado. ¿Empezar a escribir una novela para qué? Hace años, perdí la ilusión. Creo que esa pérdida es natural: la ilusión, a diferencia de la esperanza, nos permite regodearnos en una fantasía ideal, que nunca pasará al plano de lo real. La esperanza es una ilusión resignada; un saber que, pese a todo, el tiempo seguirá transcurriendo; una fe en lo que hay por venir. Estoy demasiado solo como para ignorar cuán débil es (o parece) la estructura de la esperanza. Habría necesitado una adolescencia y juventud más sociales para hacer de mí un chico jovial, seguro e integrado. Pero no hay vuelta atrás.

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