(Diario de adolescencia) 11 de octubre de 2017. Minoría de edad



Parece que la situación política está cristalizando y nos espera una larga temporada de tira y afloja. Se tendrá que volver al horario académico, a los exámenes y a la falta de épica de nuestra querida cotidianidad. Tantos acontecimientos, tantas declaraciones y tanto ajetreo nos ha impedido ver que el otoño ha ido pasando y, aunque deja ver sus colores (marrón, naranja, rojo), no se siente sobre la piel: hace calor, seguimos yendo en camiseta y por todas partes se siente un aire festivo, un aire vacacional que no acaba de encajar con el mes de octubre.
Entre una clase y otra, me voy a la biblioteca. Antes, me paro a hablar con una compañera, A. No sé cómo, acabamos hablando de la transexualidad y le comento que es algo que me cae lejos porque no me codeo con transexuales. Ella me brinda la distinción entre transexual y transgénero porque, mientras hablaba, he confundido las dos ideas. La sencillez con que se explica me asombra. ¿Por qué se me hace tan difícil decir las cosas llanamente, con claridad? Tengo un terrible miedo a que me tomen por un impostor.
Me voy a la biblioteca a leer aunque me encantaría estar en un café, en compañía. ¿Por qué siento más la soledad cuando la gente de mi alrededor parece querer abandonarme? ¿Por qué, por el contrario, disfruto de mi soledad cuando los demás me prestan atención? Saco la conclusión de que todo esto se reduce a percepciones; quizá percepciones equivocadas. Ni estoy más solo que de costumbre ni la gente me rehúye más que de costumbre, sino que la mirada que dirijo a mi propia realidad es más desesperanzada que en otros momentos del pasado. Esto viene a ser una rayada; va bien acabar el relato de una rayada con este colofón: «¡Ah, problemas del primer mundo!»
Ya en la biblioteca, leo un texto de Immanuel Kant. «Uno mismo es el culpable de dicha minoría de edad cuando su causa no reside en la falta de entendimiento, sino en la falta de resolución y valor para servirse del suyo propio sin la guía del de algún otro.», dice en el primer párrafo. ¿Este es mi diario de adolescencia o mi diario de minoría de edad? No puedo evitar fijarme en la independencia de algunos chicos de mi edad. Se cocinan ellos mismos, conducen, llaman al fontanero cuando tienen algún problema, saben moverse por la ciudad con bicicleta, son flexibles y sociables… Incluso cuando no son sociables presentan una firmeza de carácter que hace que los vea como seres imponentes. No me atrevería a decir que el mundo me da miedo, pero tiemblo mucho.

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