(Diario de adolescencia) 9 de agosto de 2017. Pániker, viaje anulado



Empiezo el día leyendo a Salvador Pániker. Escribe: «los jóvenes no son existencialistas sino, más bien, neopositivistas». ¿Eso es exacto? Quizá Pániker tenga razón y yo haya creído que los jóvenes más bien son existencialistas porque no conozco a «los jóvenes», porque mi tendencia antisocial (o mi pereza social) me ha impedido conocerlos. En cualquier caso, la falta de oportunidades laborales, la inactividad, la experiencia líquida de la realidad, la lectura de Nietzsche y Heidegger, la falta de convicciones religiosas... todo me llevaría a pensar que no es una minoría la de los jóvenes que piensan el sentido de sus vidas. Pániker dice que la vida no tiene sentido pero propone vivir con «una fe sin dogmas». La fe, la pasión, todo aquello que nos llevaría a cierta grandeza, se vuelve de difícil acceso desde que vemos el mundo con una mirada relativista.
Como solo porque todos están en el hospital. Como que el viaje a Bretaña acaba de ser anulado, me reinstalo todas las aplicaciones ahora mismo; si no puedo escaparme de una forma, lo haré de otra. ¿Y si intento ver esta anulación como una oportunidad? Tendré nueve días más para trabajar. Pero luego llega el momento de trabajar y siento que no puedo escribir nada. Intenté sistematizar la escritura: lo que hice nació muerto. Intenté tratar la escritura con excepcionalidad: no escribí una mierda. ¿Cómo lograr un equilibrio?
Muy nublado. Salgo para el hospital y no sé exactamente cómo llegaré. Cuando entro, las pestañas se le cierran tan suavemente que parecería que tiene los ojos llenos de negro. Las familias rodean a los enfermos como formando círculos íntimos. Algunos aseguran que el estado natural del hombre es la vida en común. Tal vez hay poco rigor en esa idea. Cada uno describe el hombre como esencialmente social o individual según su experiencia con los demás. Empiezo y termino en mi cuerpo; paso por momentos de verdadera comunión con los demás, pero no hay nadie que haya franqueado mi piel, que haya pasado a ser una parte inherente de mí.
El alrededor del hospital es verde, son colinas. ¿Por qué se intenta hacer este sitio acogedor con un mero elemento paisajístico? Hay sol y nubes grises y muy plomizas y una luz agotadora, de agosto, de playa. Cuanto más cerca se está de las habitaciones, más espantoso es el olor. ¿Por qué el wifi es de pago? En la sala de espera, no me entero de nada; me dedicaré a esperar, pues. El movimiento es incesante: ahora aparece una familia hablando sobre el mal trago que están pasando (luego me entero que el chico que hay sentado enfrente de mí ha tenido un accidente de coche), ahora una chica acompaña a una mujer mayor hasta una ventana. Son las ocho y media y las colinas que veo a través de la ventana se van oscureciendo.
 

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