martes, 22 de agosto de 2017

(Diario de adolescencia) 22 de agosto de 2017. Buen despertar, Rambla de Catalunya, Güell



Me levanto suavemente de la casa cuando suena el despertador. Ayer, me dormí con rapidez y no me he despertado en toda la noche; glorioso. Dando pasos lentos, voy a la cocina y desayuno: café con leche, yogur, atún, todo lo que encuentro. Al subir una persiana, me quedo maravillado con el azul del cielo que se ve sobre el patio. Salgo a ese exterior y me acuesto debajo de una trepadora de jazmín. Los edificios que circundan mi casa, de construcción muy reciente, me hacen pensar en una ciudad plenamente moderna; sin embargo, sigo prefiriendo las joyas modernistas que hay por la zona céntrica, en peligro de extinción ante el hormigón.
A las once, ya he llegado a Barcelona y me encuentro con Laia. Decidimos ir a tomar un café con leche en El Fornet que hay en Rambla de Catalunya, porque tiene terraza y sería una lástima que no aprovechásemos la luz de esta mañana. Me invita. Hablamos sobre nuestro antiguo colegio, sus viajes, lo del otro día. Bajamos a la zapatería Güell porque están liquidando por jubilación; allí compré mis primeros mocasines; solo hubo un segundo par. Me compro unos botines de piel muy rígidos que me dejan los pies doloridos y con llagas. Después de una visita al hospital, vuelvo a Mataró y me encierro en casa. Mis dulces lecturas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario