(Diario de adolescencia) 10 de agosto de 2017. Otro día aquí



Vuelvo al hospital pronto, por la mañana. He tenido un despertar extraño; me he sentido muy solo. Las mañanas de agosto no son realmente esplendorosas, como las de los demás meses: la luz crece y crece y, cuando parece que aún tiene que volverse más intensa, empieza la tarde.
Desde un mirador, se ve Badalona y Barcelona en minúsculo. Lo más sorprendente es lo que se oye: cerca, el viento sopla sobre unos árboles; los soplos suben hasta la baranda del mirador y nos golpean en la frente; un poco más lejos, unos perros ladran.
Volviendo a Mataró, unas nubes en un cielo entre azul y lila se separan como si les hubieran pegado un tiro. Que agosto sea el mes más cálido no es del todo obvio. Hay quienes aman con fervor a las personas que tienen cerca. Quizá me esté distanciando de quienes amaría apasionadamente para abrazar una mayor porción de mundo, para amar insulsamente, vagamente. ¿Esto es amar o solo sentir empatía? ¿La empatía es amor? Seguramente, el amor no entiende ni de clasificaciones ni de definiciones definitivas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario