(Diario de adolescencia) Primero de junio de 2017



¿Y qué voy a hacer, ahora que se han acabado las clases? Hasta el siete de julio no empiezan los cursos a los que me he apuntado. Las últimas semanas, no me he encontrado una sola persona que dijera: «Tengo tiempo de sobra.» La lentitud con que estudio, leo y, en general, me muevo me parece un privilegio que me traerá malas consecuencias. No, no vivo en el vacío, pero hay dos preocupaciones que me crean un gran malestar: la inminencia de la muerte y la diversidad de estilos de vida que existen sobre la Tierra. ¿Quién me garantiza que tenía que vivir del modo en que lo estoy haciendo y no de otro modo? ¿Cómo evitar esa sensación de pérdida de tiempo, de que he malgastado todos los años que me han ido sobreviniendo sin que me diese cuenta de ellos? He notado el tiempo, pero he ignorado que su paso era irreversible, que no tendría una segunda oportunidad para sentir mi infancia y adolescencia con la simplicidad y naturalidad que había visto en otros chicos… ¿Qué es la naturalidad?

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