(Diario de adolescencia) Primero de junio de 2016



Empezamos a hablar el día 22 de mayo. Él fue quien me contactó a través de los mensajes privados de Twitter; había creído que yo lo había empezado a seguir conscientemente, cuando, en realidad, había sido cosa de un clic automático. Es difícil explicarlo y, de hecho, prefiero no aclararlo. La primera vez que nos vimos, el lunes pasado, le confesé que la cosa había ido así y, a pesar de sonreír, me pareció que le había decepcionado. Si lo hubiese hecho profundamente, ahora no seguiríamos con nuestras conversaciones, ¿no es así?
Me abrazó. Se me lanzó encima, para ser más exactos. Y yo, tan incómodo como siempre que me abrazan, le di tres golpecitos en la espalda, como se haría a un bebé, engañándole el hipo.

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