(Diario de adolescencia) 8 de septiembre de 2015



Me río un poco de esa idea del artista perfeccionista. Muchos de los artistas que admiro seguramente lo fueron y lo son, pero no veo qué necesidad hay de ser perfeccionista en el siglo XXI. De hecho, creo que algunas de las vanguardias del siglo pasado ya lo dejaron claro haciendo algunas obras pictóricas (Tàpies) o literarias (Gertrude Stein) que parecían inacabadas. La cosa sería que, después de las Revoluciones Industriales, se asocia todo producto de aspecto «perfecto» al efecto de las máquinas; ellas son repetitivas, siempre fieles a la misma acción, a un movimiento exacto. Por lo tanto, ya no vale la pena que los artesanos, como los artistas, se esfuercen por hacer con sus manos obras que sean perfectas. Se valorarán más las características de lo humano: la imperfección, los errores... Estoy seguro que cuando mi padre compra vasijas o platos de cerámica se fija en que tengan alguna tara, como un asa torcida.
Es solo un pensamiento. No acabo de creérmelo, pero quería apuntarlo en algún sitio.

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