(Diario de adolescencia) 6 de febrero de 2017



Me da miedo la dirección que está tomando mi vida. Quizá era inevitable que tanto mis circunstancias como yo mismo cambiásemos con el inicio de la universidad, pero no sé si era necesario que me volviera tan frívolo, tan perezoso y, hasta cierto punto, extremadamente estúpido. Echo de menos ese mundo interior que, meses atrás, me hacía vivir como si no existiese diferencia entre la realidad exterior y la que hay en mí. Sin embargo, puede que los dieciocho años tengan algo de olvido, de desenfreno, de negligencia, ya de por sí. Veo que la gente de mi generación está haciendo cosas y me siento detenido, impedido, incapaz de hacer nada de provecho. Quizá la mediocridad siempre esté en mí pero solo sea visible en las épocas de tristeza.
Hace días ―o tal vez hasta un semana― que no escribo. ¿Qué sentido tiene que esté vivo si solo salgo de fiesta, hablo con amigos, como, hago deporte, duermo…? No, la escritura es la columna que sustenta todo el edificio de la vida. Lo he querido así. La escritura trata sobre la interioridad y, recuperándola en mi día a día, creo que recuperaré esa introspección, esa reflexión constante sobre mí mismo, esa calidez que no sé si he perdido entregándome con cierta indiferencia o indiscriminación al amor. Ya no pienso en I como hace unos días. Tengo ganas de concentrarme en mí.
Puede que la idea de Belleza siempre tenga que relacionarse con la idea del Bien. Y, de aquí, podríamos extraer que la imagen más representativa de la belleza es la del ángel. Le decía a I que había llegado al punto en que lo amaba más: lo miraba y veía, en él, un ángel… también un gorrión.
No almuerzo. Leo en la biblioteca de mi universidad. Voy a tomar un café con Rebeca en La Sureña. Luego, las dos primeras clases, con Montserrat ―enternecedora― y con Josep. Al salir, voy a tomar una cerveza con Francisco en El Camello. Hablamos sobre el amor, sobre E, sobre mi ex, sobre las discotecas. Vuelvo a Mataró y noto un silencio fuera de lo normal. Leo a Proust y me acuesto.

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