(Diario de adolescencia) 4 de junio de 2017



Domingo que, en principio, debía ser de estudio. Invierto toda la mañana en preparar el examen del miércoles; el tiempo se me escurre entre las manos y no hago tanto como esperaba hacer. Al mediodía, voy a comprar un pollo asado; encuentro la Riera tranquilísima, con algún que otro grupo de personas pintado como muy vagamente, como en un cuadro en que lo que importa es el paisaje. Por la tarde, viene la familia a tomar café y pastel: como el cumpleaños de mamá fue ayer, han esperado a la tarde de hoy para celebrarlo. En el comedor, se habla de temas diferentes; me sorprende que se discutan temas que no tocan la actualidad, sino ue la acarician: por ejemplo, el caso del hijo de un pastelero que hacía mejores postres que su padre porque había aprendido el oficio en una academia; algunos de los comentarios que se hacen servirían para llenar un libro sobre historia de nuestro siglo.
Más tarde, a las nueve y tres cuartos de la noche, cojo un tren para Barcelona. Desde aquí escribo. Bajaré en Sants, donde vive Abril. Tomaremos unos Lambrusco en su casa y luego saldremos a Razzmatazz, donde tocan Ms Nina y Las Bistecs y pinchan Soy una pringada, Jedet Sánchez y Algar. Hemos estado esperando esta noche durante toda la semana. En la cola de la discoteca, conocemos a Chocolate Remix y Algar me da un beso en la mejilla que me la deja llena de purpurina.
A las seis y pico, regreso a Mataró. He dejado a Abril en el metro, junto con Aleix —a él nos lo hemos encontrado dentro de Razzmatazz, al igual que a Dennis, que vestía tan exóticamente como siempre, con transparencias y ropa cortísima. He saludado a Toni, un chico con el que chateaba cuando tenía unos trece o catorce años y que ahora se ha afeitado las cejas y lleva alguna palabra tipo «Fuck« dibujada donde deberían estar estas. Paso una noche tremenda, pero me pongo algo triste cuando nos echan de la discoteca porque no ha sido tan completa como la primera vez que estuve en Razzmatazz. De hecho, la compleción es algo que nos imaginamos, no algo que realmente podamos conseguir. En cualquier caso, quiero irme a dormir. A las siete, sigo encerrado en este vagón, con ganas de encontrar la estación definitiva, por más que esta no exista.

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