(Diario de adolescencia) 30 de diciembre de 2016



Tardé algo así como dos horas en dormirme. Me despierto a las seis y, a las seis y cincuenta, trato de ponerme a escribir La fuerza de lo que no será. Solo consigo releer las catorce páginas que llevo escritas. Por la tarde, después de comer, lo volveré a intentar.
Mientras estudio Ruso, busco palabras rusas en Internet. Me aparecen imágenes. Río. Es curioso que las diferencias culturales sean motivo de risa. ¿Debería, esto, demostrar cierta incapacidad por mi parte para entender a los otros, a los que son diferentes a mí? Me lo temo.
Los días en que la tristeza nos parece inevitable nos deberían dejar que nos fuésemos a dormir desde el momento en que la notamos cerca. Temo que acabaré mal el año, aunque el día treinta y uno es mañana y aún puedo intentar racionalizar este malestar, con tal de no fastidiar la fiesta de Año Nuevo.
El día ha pasado sin ningún altercado.

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