(Diario de adolescencia) 3 de febrero de 2016



Esto es solo una convicción personal: muchas de las personas que desconfían del arte contemporáneo y sus formas más innovadoras (expresionismo americano, arte abstracto, etcétera) son misántropos. Su falta de fe en la voluntad humana (y la de los artistas en particular) debe de estar relacionada con un cierto desprecio, con un recelo ante las palabras y creencias de los demás. Para uno de estos escépticos, en el mundo no hay más que hipócritas. ¿El arte? Una marmita en la que estos hipócritas bullen aun con más furor.
El tema salió en la clase de ayer de Historia del Arte. Quien lo planteó fue Irene, una compañera del bachillerato humanístico que, dependiendo del día, hace un defensa encarnizada del arte o se ríe del cine de autor y se sorprende de que lo soporte. El profesor, Àlex, le respondió recordando sus tiempos de estudiante: muchos de sus compañeros de estudios fliparon cuando viajaron a Londres y vieron obras de Lucio Fontana, se mofaron de ellas; actualmente, la mayoría de ellos son artistas, comisarios, directores de museos...

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