(Diario de adolescencia) 29 de mayo de 2017



Mejoro a medida que pasan los días. Solo el amor —o, para ser más exacto, un principio de enamoramiento— me habría podido afectar así. Como de costumbre, me sirve para replanteármelo todo, aunque a veces tenga la sensación de que pienso tanto en cómo debería vivir que, a la hora de la verdad, no habré vivido una mierda.
Por la mañana, preparo un trabajo para la universidad. Leo, abro la ventana de mi habitación, leo de nuevo, la cierro. Mi ritmo ha seguido decreciendo respecto al que llevaba en bachillerato, pero no parece importar demasiado. No hay objetivos inalcanzables por los que sufrir y competir. Toda ambición ciega a quien posee.

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