(Diario de adolescencia) 29 de junio de 2017



Hoy es el santo del abuelo. Debería haber subido al piso de arriba a felicitarlo. Se me ha olvidado. Papá me lo reprocha aunque el abuelo le había pedido que no me dijese nada. ¿Por qué me cuesta tanto tener delicadeza? ¿He perdido toda inteligencia, toda capacidad de actuar eficientemente aquí y ahora? Así me siento.
Me he pasado la mañana durmiendo y, por la tarde, he ido a la playa. He reído hasta llegar a las lágrimas con Paula. Noto que me he engordado. Tengo más papada y este es un peso desagradable. Me han crecido los pechos. Vuelvo solo a casa: caminando, tengo tiempo para pensar en el mal uso que hago de las redes sociales, en la falta de sentido de mi día a día. En fin. Tiendo de forma natural a ver con negatividad todo lo que me ocurre, todo lo que hago. Es, quizá, un error de enfoque. Siempre lo ha sido. No son tan importantes los hechos como la mirada con que los he observado.

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