(Diario de adolescencia) 29 de diciembre de 2016



Mañana tranquila, limpia… con algo de dolor de cabeza y no sé por qué. Me despierto a las ocho, como recién salido de un sueño que ha quedado interrumpido.
Desayuno yogur y cereales con leche. Café. Pienso en los libros en papel y digitales: algunos siempre preferiremos el libro impreso porque tiene un filtro de calidad más estricto; además, hay una pasión muy humana por la posesión del objeto físico, por la acumulación de objetos. A diferencia de los conocimientos, los objetos no son caducos. Pienso, asimismo, en el hecho de escribir en papel o en un ordenador: la primera opción es la más simbólica y la segunda, la más práctica; que escribir en papel sea más simbólico no significa que sea menos válido, puesto que nuestras vidas se organizan a partir de rituales en que cada símbolo tiene su peso, su lugar… Escribir en papel invita a la concentración y consiste en una huida de la fragmentación a la que nos obliga el ordenador.
En fin. Me pasaré toda la mañana transcribiendo apuntes y, a las doce, haré una práctica de coche. Escribir en este cuaderno hace que me duela la muñeca; deberé trazar con menos presión, aunque parezca imposible.
Hago una práctica, paso apuntes a limpio, no escribo. Este diario se está convirtiendo en lo que no debería ser: la transcripción de lo que hago. En realidad, con él, pretendía pensar los hechos de mi vida que habían quedado grabados en mi memoria con mayor intensidad. En fin. Iremos haciendo correcciones de trayectoria a medida que avancemos.
Converso con A por teléfono durante treinta y cinco minutos. Me habla sobre el enfado de F: no le habla. Le noto preocupado. Quizá sintió demasiado por él. Está obsesionado con la idea de que F tontea con él de un modo diferente a como lo haría con otros chicos. No tengo razones para creer lo contrario, pero debo admitir que el punto de vista de A se me antoja algo iluso. ¿Dónde les llevará todo esto?
Sigo hablando con A y me da a entender que I me ha mentido, aunque le sabe mal decírmelo con mucha claridad. Tendré que reflexionar sobre ello. Tal vez me obsesiono demasiado con algunas cosas que me cuenta I. No sé si creer en su sinceridad con la fe que él me pide.
Quisiera recuperar un poco de tranquilidad.

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