(Diario de adolescencia) 28 de diciembre de 2016



He vuelto a soñar con Mixa. Parece la primera broma del día de los Santos Inocentes. La encontraba medio asfixiada dentro de una bolsa de plástico; al sacarla de ella, una nube de vapor me cubría las manos y me subía hasta la cara, inodora. Cogía el cuerpecito encogido de Mixa (era del mismo tamaño que ese cachorro de mi perra Mona, que murió al poco de nacer) y lo aplastaba entre dos panes. Noche horrorosa.
Por la mañana, leo a Proust. Por la tarde, voy al cine Renoir Floridablanca con Adrià a ver Paterson, dirigida por Jim Jarmusch. Adrià es amigo de P, aunque hablamos poco de él. Es interesante, amable y me siento cómodo a su lado. Le sugiero ir a tomar unos cafés después de la película, pero me responde que tiene prisa; impresión desgarrada. Nos estrechamos la mano al despedirnos; hacía tiempo que no mantenía una distancia así con otro hombre; me había acostumbrado a dar besos y abrazos.
Divago, solo, por el MACBA durante veinte minutos. Cojo el metro sin que nada me dé vueltas por la cabeza. Tomo una cerveza con I en La Fogia, nuestro bar de siempre. Su terraza, nuestro primer hogar.
Luego vamos al vestuario del gimnasio del hotel Pódium.
Me acuesto a las doce y diez. Demasiado tarde, demasiada dispersión.

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