(Diario de adolescencia) 27 de mayo de 2017



En la academia de inglés, esta mañana, Philip Banks ha dado su última clase. En un mes, se jubila. Nadie ha aplaudido su discurso final, pero muchos hemos sonreído al ver el libro que nos ha mostrado: el libro con que empezó a enseñar la lengua décadas atrás. El próximo martes, iré a la última clase de Anton Espadaler en la uni, puesto que también se jubila. ¿Qué forma tiene lo que se abre ahora ante estos dos hombres? Tanto en un caso como en otro, el placer de la vida se ha juntado con el trabajo a lo largo de sus carreras profesionales.
Esta noche, iré a casa de Maria a celebrar su cumpleaños. Le he comprado el libro de Sebastià Portell ―que estoy leyendo. Iremos a Cocoa con los compañeros del ciclo que está cursando y con Paula y Albert. Prefiero bailar a follar y ya no temo decirlo.
Algunos me dirían que eso es porque todavía no he hecho el amor como debería: en verdad, ¿cuesta tanto entender que no todos tenemos por qué estar excitados permanentemente? Es cierto que la sexualidad recubre nuestra forma de ser, pero eso no significa que seamos todos máquinas del sexo reprimidas. Hay tiempo para todo, incluso para observar el cuerpo humano y reírse de lo poco que es, de lo frágil de cada una de sus partes.

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