(Diario de adolescencia) 27 de agosto de 2015



He estado corrigiendo un capítulo del relato largo que escribí en junio. Lo comparo con mi trabajo estos últimos días (también en un relato largo, Rumanía en agosto, que saco de algunos apuntes que tomé en mi viaje) y me pregunto: ¿qué se ha perdido por el camino? Los dos textos fueron tecleados por las mismas manos. Se ve en el lenguaje, en la manera de hablar de los personajes, en las cantidades descriptivas al lado de las reflexivas y al lado de las de acción... pero no hay duda de que alguna cosa ha cambiado. No diría que esta rutina de escribir cinco páginas cada día me esté matando, pero, poco a poco, está agotando mi imaginación. Al igual que la pesca si se practica de forma salvaje y sin pensar en la reproducción de los animales acaba con la extinción de algunas especies, no dejar márgenes a mi creatividad hace un efecto parecido. Las imágenes que antes, con solo cerrar los ojos, me venían a la mente, ahora se tienen que perseguir.
Quizás la situación cambie con la vuelta de septiembre. No sé si es un día a día rutinario lo que me inspira, pero, sin duda, ir a Barcelona de lunes a viernes será de provecho para mí y mis personajes literarios. Para llegar al colegio jesuita, tendré que andar hacia la derecha al salir del autobús, llegaré a Plaça Catalunya, pasaré por Passeig de Gràcia y, finalmente, cruzaré por Carrer Casp para plantarme en Carrer Pau Claris. En este trayecto, que repetiré hasta el cansancio, me toparé con muchas caras desconocidas. Es eso lo que necesito para mis microcuentos. Y también escucharé algunas conversaciones de soslayo. Lo que saque de esas charlas me será útil para relatos y otros microcuentos. En definitiva, serán estos obstáculos con los que tropiece antes de llegar a clase los que me servirán para escribir. Hasta ahora no me encontraba con ellos: cada mañana, para llegar al colegio marista, debía ir por Camí de la Geganta, todo recto, hasta llegar a La Riera; entonces bajaba por ella y ya estaba en el colegio.
Espero no estar ilusionándome demasiado. Hay otros aspectos que aún son un misterio, como los compañeros que tendré. No es algo que me preocupe; si no me llevo bien con la gente de allí, al salir del colegio, quedaré con mis amigos de Barcelona y me olvidaré de los imbéciles que, antes, haya visto en los Jesuitas de Casp.
Sigo con la investigación para mi treball de recerca, ese trabajo que tendré que presentar en febrero y que aún no tiene un grueso ni de veinte páginas. Eso sí me preocupa un poco.

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