(Diario de adolescencia) 26 de diciembre de 2016



Anoche salí de fiesta con Maria y Paula. Me encontraron especialmente violento, una vez empecé a beber. Paula sigue tan alocadamente sensata como siempre y Maria todavía es adorable, dulce, risueña. Fuimos al Innobar, Tajator, Bot, Miracle y, finalmente, Sala Clap, donde nos quedamos hasta las cuatro y pico. Llegué a las seis a casa y me acosté.
Al despertarme a las dos de la tarde, me dolía más la cabeza que cuando me había ido a dormir. Comida familiar de Sant Esteve: hoy solo somos cinco comensales. Como demasiados turrones y no soporto el vino.
Paso la tarde leyendo a D. H. Lawrence y, más tarde, veo Le Diable probablement, dirigida por Robert Bresson. El rechazo del protagonista a todo tipo de existencia (desde la existencia de la vida hasta la de la muerte) podría ser visto como molesto, pero hay una parte de su discurso que, innegablemente, me convence: «No estoy deprimido. Solo quiero tener derecho a ser yo mismo. Que no me obliguen a querer más, a reemplazar los verdaderos deseos por unos falsos, basados en estadísticas, encuestas, fórmulas, estúpidas clasificaciones americanas.»

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