(Diario de adolescencia) 25 de mayo de 2017



Hace una semana, estaba durmiendo en su cama. He visto que la última vez que se ha conectado en WhatsApp ha sido a las seis de la mañana, así que hoy, otra vez, debe haber salido y hecho lo mismo con otro chico. Va siendo hora de olvidar esta historia a la que he dado una importancia inadecuada, muy estéril. Anoche, mientras paseaba con Francesc en busca de un bar, encontramos una terraza en que había sentados Oriol R, Maria S, Héctor M y una chica de la que no recuerdo el nombre. Nos invitaron a tomar algo. Francesc se quedó hasta las diez; estuvo bastante silencioso; esperaba que tomásemos unas cervezas los dos solos y nos pudiéramos poner al día. Volví a Mataró con el último autobús, el de las diez y media.
¿Tiene algún sentido que hoy salga de fiesta? Me dirijo hacia Barcelona en el autobús y pienso en que hace más de una semana que conocí a Quim. Quizá salga de fiesta con la esperanza de que las imágenes que me queden grabadas en la memoria esta noche se sobrepongan a esas otras imágenes que me dejó al conocerlo. Nunca tan poco me había dejado tan devastado durante una semana. Esto, probablemente, no solo tiene que ver con ese chico; quizá tenga que ver con que me niega a admitir que una vida con amor llenaría los huecos que ahora encuentro en mi día a día. En cualquier caso, estoy llegando a Ronda Universitat y Abril me espera en Plaça Universitat. Iremos a Aire, a la fiesta Chicas Malas. Me he puesto la camisa y pantalones de mi graduación. ¿Es posible que haya pasado un año?
Vuelvo a Mataró en tren, a las seis de mañana. En el vagón, la cabeza se me balancea como si no la pudiera sostener. Esta última noche, hemos pasado un rato en Aire y, rápidamente, nos hemos largado a Apolo, donde hemos bailado hasta las cinco menos diez. He tomado dos botellas y una copa de cerveza y un cubata (que iba incluido en la carísima entrada de Apolo): en total, me he gastado unos veinte euros. ¿Debería haberlo hecho? Abril, más o menos, se ha gastado lo mismo. Siento que la piel de las costillas me pesa y que no habrá una mejor manera de vivir que la que habría compartido con ese chico que empezó a ignorarme desde que me alejé físicamente de él. Quisiera conocer la reflexión que llevó a Quim a pasar de mí. ¿Sería un problema mío? ¿Por qué habría insistido en quererme conocer, en que nos diésemos los WhatsApps para después perder el interés? En algo debí equivocarme o se debió equivocar o diremos que el error fue que decidiésemos precipitarnos.

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