(Diario de adolescencia) 25 de abril de 2017



Pese a que hoy en día se ven todo tipo de excentricidades por la calle, las personas con prisas (hablo de las prisas realmente sorprendentes, no de las prisas que fingimos todos) siguen siendo las que más destacan. Se las ve avanzando a grandes zancadas, adelantando a quienes vamos a paso lento e incluso tropezándose con nosotros. ¿Dónde deben ir? Siempre me lo he preguntado. Correr porque se llega tarde es una experiencia que relaciono con la secundaria y el bachillerato: en la universidad, uno camina como bailando un vals.
Videoblogs sin ningún interés, un diario público… La paciencia me ahorraría tantos errores… El desprecio que a veces uno nota en Internet le hace replantearse todo: ¿no me estaré equivocando? En cualquier caso, la vida privada es una de las cosas más valiosas que tenemos. Nos salva del malestar que supone la exposición continua. Cuando parece que este malestar ha desaparecido, lo único que ha pasado es que se ha escondido, preparado para salir a flote en otro momento.

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