(Diario de adolescencia) 24 de febrero de 2017



Un cuento de Rodoreda, «L’oreneta», me ha hundido. Son las diez y cuarto de la noche y, detrás de mí, queda una tarde vacía, como yo mismo.
En momentos como este, me doy cuenta de mi propia inutilidad; soy tan consciente de ella que pierdo la fuerza de voluntad para hacer cualquier cosa. Al mismo tiempo, pienso en la cantidad de personas que me creerían ridículo si leyeran estas líneas y aún aumento mis ganas de esconderme.
Pero los refugios no existen. El único refugio está fuera de la vida.

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