(Diario de adolescencia) 24 de febrero de 2016



Cuatro, casi cinco de la tarde.
El sábado pasado, en la academia de inglés, Shirley —mi profesora— y yo nos dimos cuenta que no había una traducción de uso actual y frecuente para pearls of wisdom. Para explicarnos su significado, hizo referencia a esos profesores que, de vez en cuando, ofrecen conocimientos sacados de su propia experiencia que son una pura maravilla. Aunque debe de tener unos sesenta y seis años, Shirley es el tipo de persona que aún tiene frescos sus recuerdos sobre la universidad.
Hoy por hoy, tengo tantos profesores acostumbrados a soltar pearls of wisdom en clase que se me haría imposible destacar alguno. Quizá, si me hubieran obligado, mencionaría a J C, porque en la clase de filosofía de hoy ha intercalado algunos comentarios personales, entre explicación y explicación de Descartes, que me han sabido a delicia. Tal y como lo hago en las otras asignaturas, he apuntado, de principio a fin, todo lo que ha salido de la boca del profesor. Ahora estoy pasando mis apuntes a ordenador y, al mismo tiempo, evadiéndome a un momento del que me separan tan solo las horas del mediodía.

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